Manuel Marticorena Quintanilla
Universidad Científica del Perú / Iquitos
En la literatura peruana es importante valorar la creación novelística infantil. Dentro de este género narrativo para niños, decididamente la iniciadora es Carlota Clara Carvallo Wallstein (Lima, 26 de junio de 1909 / 29 de marzo de 1980), más conocida como Cota Carvallo, una intelectual de múltiples actividades: fue maestra, pintora, periodista, dramaturga, compositora de piezas musicales y canciones para niños, poetisa, cuentista y novelista.
Iniciadora de la narrativa infantil peruana al lado de Francisco Izquierdo Ríos, con quien fue muy amiga. Dentro del campo novelístico su máxima obra es Rutsí, el pequeño alucinado que posteriormente pasó a titularse Rutsí, el espíritu de la selva, que ganó el concurso para representar al Perú en el concurso para el Premio de la Editorial Farrar & Rinehart de Nueva York el año 1943, siendo publicado ese mismo año; posteriormente fue difundido ampliamente en las lecturas hasta la década del sesenta del siglo pasado.
En el presente trabajo nos circunscribimos a comentar la novela Rutsí, el espíritu de la selva que el 2009 volvió a publicar la Editorial SM SAC, consideramos únicamente la percepción de su personaje protagónico, perteneciente a la cultura indígena amazónica respecto a la realidad del hombre peruano mestizo conocido como hombre blanco, en la cual suceden los acontecimientos.
La novela narra las aventuras de Rutsí, un pequeño espíritu de la selva peruana que a su pedido es transformado en un ser humano y de esta manera es protagonista de una serie de aventuras que se inicia en plena selva, pasa a la sierra y llega a la costa para después de numerosos sucesos retornar nuevamente a la selva peruana. Este protagonista es un personaje que simboliza al ser humano de la selva peruana perteneciente a la cultura indígena con esa manera de ser franca, sencilla y despreocupada por la búsqueda del dinero que es lo que predomina en los “hombres blancos” o mestizos que se suceden en la novela y simbolizan a la cultura occidental, cuyos valores son opuestos al de los hombres de la selva.
Rutsí es el espíritu juguetón del bosque, geniecillo inquieto que hace numerosas pasadas al hombre como a las aves, su progenitor, según la ficción el Padre Río, en este caso se trata del río Amazonas, el más caudaloso del mundo, que lo protege con amor a su hijo querido. El narrador anónimo que nos lleva de la mano en las numerosas aventuras del protagonista, nos presenta al hombre mestizo desde la perspectiva del hombre indígena amazónico, mostrándonos como a un ser del que se debe desconfiar, tal como lo manifiesta el Padre Río y tiene la misma opinión la vieja hechicera llamada Runa-Mama que al de transformarlo en ser humano le dice (2009: 12):
-Serás un hombre, como lo has querido- dijo la hechicera-, y como tal, estarás sujeto a sus necesidades y trabajos. Tendrás inteligencia, pero además te he dado el don de entender el lenguaje de todos los seres. Tu corazón permanecerá sencillo y primitivo. Quiero saber si esto sirve para escudarte de la maldad de los hombres. Pero si algún día sufres, no te quejes de mí. Yo te he advertido que eres un espíritu loco y soñador…
Aquí observamos cómo el hombre mestizo, dentro de nuestra sociedad, desde la perspectiva de la cultura indígena, es un ser para tener desconfianza, naturalmente por sus hechos que se rigen por otros valores y otras concepciones, es el que debe aprovechar todas las ocasiones sin tener reparos en nada. En tanto el Padre Río le dice a su hijo querido (2009: 15):
-No te fíes de los hombres, mi pequeño Rutsí. No creas demasiado en sus palabras. Y recuerda que solo volverás a nosotros cuando ese cuerpo que te hemos dado haya perecido. Ahora, aquí tienes mi regalo.
Es el consejo del padre, tal como me hace evocar el consejo que dentro de la cultura indígena da a su seres queridos que se alejan de sus lares para incursionar en la costa, tal momo cuando tenía diez años me advirtió mi padre, expresando que los niños de la costa eran muy perversos y se aprovechaban de la inocencia del niño de los andes, era la década del sesenta del siglo pasado.
Desde el momento en que Rutsí se transforma, gracias a la hechicera, en un ser humano comienza su aventura (2009: 12):
La Runa-Mama estaba satisfecha. Todos sus conjuros y sortilegios, habían tenido felices resultados. Rutsí se había convertido en una especie de hombrecillo salvaje, con toda la apariencia de un muchacho. Tenía una cara muy linda y unos ojos muy vivos, la tez bronceada y el pelo negro como el alquitrán.
De esta manera se inicia la aventura de Rutsí, siendo su primera aventura el encuentro con “una tribu de indios campas dedicados a la pesca” y su primer asombro es oír la detonación de un rifle, objeto perteneciente a la cultura occidental, luego un segundo asombro y desconcierto es al ver la destrucción que realizan los hombres blancos del bosque, talando los árboles sin ninguna compasión (2009: 23):
Rutsí estaba asombrado. ¡Qué malos eran los hombres blancos! ¿Cómo podían destrozar así su querido bosque?
Para los hombres blancos lo que vale es la madera que le reporta dinero, no le interesa que desaparezca el bosque, a igual que en nuestros días a las grandes empresas internacionales lo que le interesa es el oro, no importa que se destruya la naturaleza, desaparezca el agua y mueran los seres humanos, lo que vale es el dinero.
Su tercer asombro corresponde a la extraña forma de vestimenta que poseen los hombres blancos (2009: 24):
Los hombres se aproximaron aún más. Rutsí observó los extraños vestidos que llevaban. ¿Cómo se les había ocurrido hacer un vesrtido para cada pierna?
Aquí vemos el desencuentro entre Rutsí y los madereros, desde la perspectiva indígena amazónico era algo raro el pantalón, tal como para los hombres de la costa era raro que el hombre amazónico apareciera en las fotografías prácticamente desnudo, según la concepción occidental, adornado de plumas, tal como le sucedió a un sobrino mío en la última década del siglo pasado que se trasladó a estudiar a un centro educativo de Chincha Alta, los estudiantes al saber que era de Iquitos, creían que había dejado sus plumas en su casa y se había vestido como ellos para ir a clases.
Se ahonda el desencuentro cuando los trabajadores en el cafetal hablan de jornal, expresión que no entiende Rutsí, por primera vez se entera que los hombres trabajan por un jornal, por el dinero que les sirve para alimentarse, para vivir, mientras Rutsí vive del alimento natural existente en el bosque. Son dos concepciones diferentes sobre la vida, una cultura que no necesita del dinero para subsistir, .mientras la otra cultura perece si no tiene dinero, en nuestros días mucho más, se sucumbe cuando se carece de dinero.
El nuevo asombro de Rutsí es al ver, para él, a un animal que alumbra con sus ojos, luego se entera que eso no era un animal sino una máquina, un automóvil con sus faros, para trasladarse de un lugar a otro (2009: 31):
La extraña máquina se fue acercando y Rutsí vio cómo bajaba de ella un hombre ridículamente vestido, que llevaba los pies aprisionados por las estrechas fundas de cuero. En la boca tenía una rara cañita de la que salía humo en abundancia. A este hombre lo llamaban todos, respetuosamente, el patrón.
Aquí rutsí se queda asombrado al ver al hombre con su vestimenta de cuero que resulta ridículo desde su perspectiva, al mismo tiempo está fumando un cigarrillo que lo considera una cañita de la cual arroja humo, corresponde a realidades ignoradas por el hombre indígena de los bosques amazónicos del siglo pasado.
Sigue esa visión muy propia, diferente a la forma de verdel hombre blanco desde la perspectiva moral, en diálogo con su amigo expresa (2009: 77):
…mi amigo el arriero me ha dicho que nunca tome una cosa que no sea mía, porque me meterían una jaula oscura de donde me será muy difícil salir.
Se refiere a la cárcel con sus barrotes, considerando que no existe la prisión en las comunidades indígenas de la Amazonía, puesto que los castigos son diferentes hasta nuestros días. En su caminata hacia la ciudad, recorriendo los andes hacia la costa observa cómo se desplaza el tren, que resulta algo extraño dado que nunca en su vida vio esta clase de vehículo y poniéndose en esta perspectiva el narrador anónimo relata de la siguiente manera (2009: 61):
Rutsí continuó la marcha muy pensativo; tanto, que no advirtió un negro gusano que avanzaba penosamente a lo lejos, por el estrecho camino pegadito al cerro… Solo cuando se puso a lanzar furiosos graznidos, nuestro pequeño pudo verlo aproximándose, ahora sí, cada vez más vertiginosamente. Loco de terror, pues nadie lo había advertido de su existencia, Rutsí fue a esconderse entre la maleza que crecía a la orilla del río y desde allí pudo observar cómo dicho animal se ocultaba entre su madriguera, que era una madriguera negra en la dura roca, y luego aparecía triunfante un poco más allá, e iba trepando infatigable los desnudos cerros.
Cuando Rutsí llega a la ciudad, queda asombra de lo grande que es y el narrador anónimo, desde la perspectiva de Rutsí presenta el foco de luz expresando (2009: 114):
Mientras duró el viaje pudo contemplar con admiración las anchas y rectas calles, donde hermosos edificios estaban alineados con perfecta simetría. Vio también estrellas de colores, que se movían en todas direcciones, lo deslumbró la luz del sol que el hombre había aprisionado en sus cajitas de cristal para burlarse de la noche.
Aquí observamos la visión que tiene cualquier habitante de la Amazonía que vivió en pleno bosque, queda inmensamente asombrado de la simetría con que han sido construidas las casas, los grandes edificios y las calles totalmente rectas. Las luces multicolores que despiden los faros de los carros, los focos de las luces eléctricas son observadas como estrellas multicolores y llega hasta el detalle de observar que dichas luces se encuentran dentro de un cristal, siendo presentado con el razonamiento de la cultura indígena: los rayos solares aprisionados en el cristal. Cuando Rutsí es internado en la escuela para niños pobres, desamparados, se da cuenta de la enorme diferencia entre los niños del campo y los niños de la ciudad, el narrador expresa (2009: 116):
Aquellos niños de la Gran Casa eran distintos a todos los que conociera hasta entonces. No amaba el campo ni las flores ni los pájaros. Solo les interesaban esas frías máquinas que el hombre sabía crear. Y con lágrimas en los ojos los recordaba a Uriangari, el pequeño salvaje; al pastorcito de la puna que compartiera su vivienda con él; a Vicente, el muchacho del tambo…
En este párrafo nos muestra la visión que tienen los niños de la ciudad inmersos dentro de la cultura occidental, desligados de la naturaleza, llevados por el adelanto, por consiguiente, tienen otra forma de ver la realidad y otros objetivos. Es esta forma de cultura que se ha impuesto en nuestros días, no existe relación del hombre con la naturaleza, no conoce las faces de la luna, los cambios múltiples que se presenta en el campo para poder subsistir, el hombre citadino llegó a la torpeza y sufre los embates de la naturaleza porque no conoce a esa naturaleza donde vive.
La forma de percibir al ascensor es totalmente diferente, para Rutsí es una pequeña jaulita, pero siempre presentado por el narrador anónimo (2009: 117):
Entonces una de las muchachas lo cogió de la mano y lo llevó a una jaulita estrecha, donde se introdujo con él. Rutsí sintió que se elevaba rápidamente, experimentando una curiosa sensación de malestar.
La visión de Rutsí sobre la sociedad citadina es negativa, lo ve al ser humano siempre de prisa, fría, totalmente indiferente al dolor humano, dando la impresión de vivir para su propia individualidad, muy diferente a la sociedad amazónica indígena.
En conclusión, en la novela Carlota Carvallo a través del narrador adopta la perspectiva de un personaje que está estrechamente ligado al bosque amazónico, que recorre la sierra y la costa y ve cómo el hombre mestizo, de influencia occidental, llamado hombre blanco, tiene una forma de vida diferente, mientras el hombre amazónico simbolizado en Rutsí está más ligado a la naturaleza, al bosque, sus valores son humanos mientras el hombre occidental está deshumanizado y desconoce la realidad del campo, es un ser individualista.
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