César
A. Espino León
(Universidad
Nacional Federico Villarreal)
Esta vez Helmut Jerí Pabón (Coracora, 1982) nos
presenta su novela breve titulada El
deseo de Berenice (Paracaídas, 2013). Dicha novela consta de dieciocho
capítulos y contiene dos historias que en un momento serán alternas, a medida
que la lectura prosigue el lector llegará a un final inesperado. La historia
empieza ya con los hechos sucedidos a Berenice y su busca de venganza, que a
mitad de la novela, será narrada. No se presenta una exuberancia verbal, hay
uso del lenguaje coloquial, conciso lleno de sarcasmo y humor.
Desde el primer capítulo y párrafo hay un indicio en
estado de suspenso que nos describe cierta celebración que, a medida que la
trama va desarrollándose, será puesta al descubierto muy a la medida del estilo
ribeyriano. Los personajes están desarrollados psicológicamente. Por un lado
tenemos a Remigio Figueroa, el alcalde del pueblo, que vive atemorizado por el mal
manejo político que ha realizado, pero bastará que sea el “elegido” de Dios
para que pueda apaciguar los atrincheramientos de la comunidad. Por el otro
lado, tenemos a Berenice Ramírez, una joven muchacha humilde del pueblo que ha
sido criada por su madre soltera. Ante la muerte de su madre, Berenice tiene
que afrontar la cruda realidad. Esta joven protagonista no tiende a ser
caracterizada como personaje doméstico y pasivo, más bien es activo y su cuerpo
será testimonio de una sociedad desbocada al placer sexual así como testimonio de
la corrupción política e hipocresía eclesiástica. Este personaje femenino es
que el dará rienda suelta a la trama y, mediante sus acciones, finiquitará su
fiel venganza contra el alcalde del pueblo. Por último, tenemos al sacerdote
que se figura como una institución religiosa en decadencia y que mediante el
uso de artimañas y creencias de fe, someterá al alcalde del pueblo bajo un
régimen de acto de solidaridad: donación de dinero.
Uno de los temas que se desarrolla en la novela es
la hipocresía que se representa en la religión católica y esta toma dos
perspectivas: la conveniencia y la fe. La conveniencia se debe a que la iglesia
necesita de las “donaciones” con tal de descifrar un milagro o problema acaecido
por el creyente. Es así que sobrevivirá y permanecerá en la sociedad
instaurando sus posturas. Por eso los feligreses al cometer un acto impuro o
desleal sienten que son culpables y que necesitan el perdón a través de un
intermediario sacerdotal:
“-
Padre, ¿y eso sería pecado? Si fue casual, ¿qué debo hacer, cómo hago para que Diosito me perdone si maté al Espíritu Santo?
-
Bien, podrías empezar dejando una generosa donación en la urna que está al lado
del altar, de esa forma tal vez las almas de los pobres, que son los
predilectos del Señor, intercedan ante Él y logres su perdón.” (Jerí, 2013, p.
24)
Sin embargo, el tema con mayor relevancia es la
corrupción que se ha institucionalizado desde el lado eclesiástico y político.
Ambos representan la decadencia de un pueblo sin escrúpulos, sin esperanza, sin
progreso que está siendo manipulado por un capitalismo avasallante que va
carcomiendo la moral de las personas que viven en la sociedad. Siendo la acción
la elección de un candidato que se dice ser del pueblo, pero que bajo la
fachada de una política transparente se siguen realizan los actos más
bochornosos en nuestro país.
En conclusión, el autor nos hace llegar una obra
donde la credulidad hacia la fe va a abrir un trecho de desequilibrio político
y emocional en las personas, que irán
deshumanizándose mediante sus acciones, reflejando así la decadencia de las instituciones
instauradas a través del tiempo.
