lunes, octubre 31, 2011

Mariana D'Althaus: dramaturgia peruana contemporánea


Percy Encinas

Toda práctica artística está hecha de autores y obras. El teatro, especialmente, por su carácter siempre colectivo, descansa su suerte en el trabajo, talento, constancia, disciplina, aciertos (y fallas), riesgos y exploraciones de una serie de creadores. Dramaturgos, directores, luminotécnicos, escenógrafos, diseñadores, artesanos, gráficos, músicos, coreógrafos, dramaturgistas, productores y, por sobre todos ellos, los actores. Ellos, quienes sobre el escenario, en el hecho específico de cada función –irrepetible y fugaz– dan forma final a una obra que siempre, inevitablemente, es recreada por ellos frente al público.
Todo estudio serio y justo del estado de los teatros peruanos debería poner en relieve los nombres de esos creadores que, desde sus distintos lugares de creación, y en distintos niveles de responsabilidad, aportan valor a un arte que goza de tan vigorosa salud creativa en el Perú. Una de las funciones de creación escénica más populares y visibles es la que se conoce como dramaturgia. Por este término se entiende en nuestro medio el ejercicio creativo de la composición de obras; especialmente, la composición que se basa en la escritura para su ulterior representación. Carmen Boves Naves lo concibe y sostiene así en su libro Semiología de la obra dramática (1997), recogiendo una extendida tradición occidental vigente: el teatro como una sucesión de dos fases: la de creación del texto, primero. Y la de la representación del texto previamente creado, después. Es pertinente recordar que en los teatros peruanos ese modo es solo una de las estrategias de creación de discursos escénicos. Desde la fértil década de los años setenta, por lo menos, el auge de otros tipos de creación reconfiguró el mapa dramatúrgico demostrando que otros caminos podían sintonizar igual o mejor con las búsquedas y sensibilidades del heterogéneo movimiento teatral y su época. De ese modo, nuestros escenarios han sido enriquecidos por espectáculos sorprendentes muchos de los cuales no han seguido precisamente la secuencia bifásica que Bobes Naves refiere, a la que podríamos definir como dramaturgia literaria, pues como dice Jirí Veltrusky, en ella (en el texto escrito) el receptor solo se enfrenta con el lenguaje: Aunque esté dispuesto de un particular modo, distinto de los géneros lírico y narrativo.

En esta línea de las estrategias compositivas, en los predios de la literatura dramática (a veces desdeñada por quienes cultivan formas supuestamente más contemporáneas) el teatro peruano ha sido provisto de interesantes textos, los mismos que gozan del privilegio de la experiencia previa de la lectura. En estos territorios la lista de nombres es copiosa. A los consagrados, nacidos todos en la década del 50 o antes de ella, como Hernando Cortés (quien ha partido hace pocas semanas, dejando un vacío irreparable en la dramaturgia, docencia, dirección y en la inteligencia teatral de nuestro tiempo) o Sergio Arrau (radicado en Perú hace más de cincuenta años, nadie debe cuestionar su valioso lugar en nuestro teatro), Alonso Alegría, Mario Vargas Llosa, Alfonso Santistevan, Sara Joffré, Juan Rivera Saavedra, Aureo Sotelo, Víctor Zavala, María Teresa Zúñiga, César Vega Herrera, Edgar Pérez Bedregal, Roberto Palza, Ismael Contreras, Maritza Núñez, Celeste Viale, entre muchos otros, se sumó otra serie de dramaturgos que han provisto a nuestra escena –y a nuestra literatura– de un corpus brillante durante la cosecha de los años ochenta. Entre estos, nacidos en la década del 60, destacan con nitidez: Eduardo Adrianzén, César de María, Rafael Dummet, Jaime Nieto, César Bravo, Daniel Dillon o Walter Ventosilla, dramaturgo nacido en 1959 pero ligado por su producción al teatro de los ochenta en adelante. Sin embargo, hay una hornada más reciente aún de dramaturgos, cuya actividad ha nacido con el siglo presente. De entre quienes muestran una voz propia, constancia y calidad admirables hay que mencionar, sin duda, a Alfredo Bushby, Claudia Sacha, Roberto Sánchez Piérola, Juan Manuel Sánchez, Aldo Miyashiro, Gonzalo Rodríguez Risco, Jorge Castro Fernández, Gino Luque, Mateo Chiarella, Gerardo Ruiz Miñán, Pedro Llosa Vélez, Alejandro Alva o Marisol Palacios, la única de este grupo nacida antes de la década del 70, pero cuya producción dramatúrgica, muchas veces en colaboración con otros autores, surge también a partir de este siglo. Dejo para el final de este recuento arbitrario a Mariana De Althaus, una de las autoras de mayor consolidación entre los nacidos después de 1970. La cartelera reciente nos ha ofrecido, si el cálculo no me falla, su décimo quinta obra: Entonces Alicia cayó, ganadora del Primer Premio en el III Concurso de Dramaturgia Peruana 2010 que organiza la Asociación Peruano Británica y que incluye, atinadamente, el montaje y la publicación del texto. Este estreno reciente confirma que De Althaus ostenta uno de los proyectos más personales a nivel de búsquedas formales y temáticas. Se ha decantado por una línea de preocupaciones que podríamos calificar de existencialistas y particularmente focalizadas desde la intimidad femenina. Entonces Alicia cayó se adhiere a su poética de tiempos indefinidos, atmósferas de matices fantásticos, acentuados por toques sutiles pero eficaces en los textos que aportan un súbito enrarecimiento que multiplica su espesor de sentidos. Aunque se puede rastrear estas marcas desde sus primeras obras, la Alicia de Mariana filia especialmente con Efímero (2009) o con La puerta invisible (2005), con la que establece una intertextualidad clave. Al igual que en estas, la autora dirige el montaje y desarrolla las intensas historias de tres parejas que, en un mismo extraño hotel llamado Wonderland (donde la recepcionista fuma pipa y hasta los mozos han fugado por una ola de ataques de nervios), vemos relacionarse, enfrentarse, amarse y padecerse en la misma habitación sin que entre ellas se vean. Un espacio escénico único para tres historias que se rozan temáticamente sin cruzarse en el espacio ficcional, casi. Historias que podrían caer fácilmente en el registro del melodrama constituyen, en manos de Mariana, exploraciones inteligentes provistas de humor e ironía y, sobre todo, de una simpatía solidaria que los personajes se ganan rápidamente. Quienes seguimos la trayectoria de la actriz Sofía Rocha (rol de Daniela, la escritora que escribe la historia que ella misma y los otros viven en el hotel) concedemos en que su rango dramático (y trágico) es soberbio, desde que actuara en la Escuela del Teatro del Sol, bajo órdenes de Luis Felipe Ormeño. Deseamos que no abuse de esos tonos que develan ciertas muletillas de “dramatismo”. El tema de la maternidad (y su ausencia) es otro punto de contacto con otras obras de la autora: La mujer espada (2010) y la nueva que anuncia estrenar para los próximos días: Criadero. Resumiendo, es De Althaus una de las dramaturgas peruanas más atendibles y son sus obras aportes para la literatura dramática contemporánea e instrumentos artísticos para explorar, develar y confirmar la inevitable fugacidad –en el sentido de inestabilidad– de la condición humana.

Artez, Revista de las Artes Escénicas (Bilbao) octubre 2011

"Escritura Quechua en el Perú" de Julio Noriega Bernuy


Fredy Amílcar Roncalla / Nueva York

Es un honor presentar Escritura Quechua en el Peru, de Julio Noriega

Escrito en 1992 y publicado en Miami en 1995 como Buscando una tradición poética quechua en el Perú, este libro ha sido republicado en Lima con el título Escritura quechua en el Perú. Pese al tiempo sus páginas han mantenido actualidad. Y aquí haré sólo una breve glosa de sus tres capítulos.

En el primer capítulo: El quechua: voz y letra en el mundo andino. El autor trata la historia de la escritura quechua. Una primera sección se dedica al trabajo y propuestas de los curas y de los concilios limenses en resolver, para sus intereses de envagelización, los problemas del aprendizaje y escritura del quechua. Mas la elaboración de vocabularios, breviarios y gramáticas que resultaron en una primera domesticación del quechua. La segunda sección, dedicada al recurso analógico, es decir, la comparación del quechua con lenguas indoeuropeas, presenta a los europeos Tschudi, Markam y Middendorf y los peruanos Gabino Pacheco y Mariano Eduardo de Rivero. Todos trabajando y publicando en Europa nuevas propuestas de escritura y alfabeto, y dando a conocer documentos como el Ollantay y la crónica Pachachuti Yamqui. Así, por vías ajenas al territorio nacional, se establece la noción de una literatura quechua o incásica. La tercera sección, aborda el problema de la escritura quechua en el siglo XX, el diluvio universal de los alfabetos, y la educación bilingüe cuyo trasfondo siempre ha sido la asimilación al español.

En el segundo capítulo: Poesía Quechua: Las Múltiples voces de la letra. El autor vuelve al rol de los viajeros novecentistas en el establecimiento de la literatura quechua como incásica y de la cultura indígena como folklore. Luego propone tres horizontes poeticos. Primero el católico misionero, es decir una poesía que acompaña a los curas y que sule pasar al canto religioso del ande dejando la impronta del dolor y el sufrimiento como condiciones de redención hasta en el sermón del cura de Patibamba. Esta impronta, encerrará en un campo relativamente limitado el vocabulario metafórico de la poesía quechua hasta momentos recientes. El segundo horizonte, el discurso señorial indigenista tiene su origen en el renacimiento literario quechua del siglo VII, y pasa a la poesía indigenista señorial, misti, del siglo XX, que produce un discurso paternalista, de exaltación del pasado incaico, o de incitación a la rebelión, pero soslayando los problemas reales: la explotación y el despojo de indigena concreto. El tercer horizonte o el discurso de los migrantes, estudia la reciente literatura quechua de migración y desarraigo a partir de José María Arguedas y la andinizacion de la urbe.

En el tercer capitulo:La poesia quechua escrita, un mundo mitico en recomposicion, el autor aborda los conflictos que llevan a Garcilazo y Arguedas a escribir poesía quechua tarde en la vida, y trabajando la poesía quechua actual como una de redención y compensación introduce un breve análisis de los primeros poetas escriturales indígenas en el Peru: Titu Kusu Yupanki, Waman Poma, y Gracilazo. Cubre así un espacio que fue, aunque marginalmente, ocupado por la escritura indígena desde el primer momento, y abre campo para plantear la pregunta de si la poesía quechua es sólo la que se ciñe al verso o también está en el canto, el tejido y el trazo espacial. Aquí resalta el estudio de las ambigüedades y el seudónimo de Andrés Alencastre / Killku Waraka, quien inicia la poesía quechua moderna pero es ajusticiado por los comuneros de Langui. Al tratar del tema mítico, de redención y precomposición, el autor mapea un vocabulario de metáforas y recursos presentes en la poesía quechua escrita desde el uso del paralelismo y la dualidad hasta imágenes como urpi, mallku, o apu. Imágenes que ritualizadas en el poema tratan de recomponer en un plano utópico el caótico mundo producto del desarraigo, la discriminación, la violenta y sentida historia de los andes.

Si es posible que este vocabulario esté en un proceso de renovación en la poesía quechua más reciente de Hugo Carrillo, Washington Córdova Huaman, Feliciano Padilla, Odi Gonzales y Nina Anka, este libro nos dará pautas para estudiar el florecimiento de la creación poética y escritural quechua en la página y en la pantalla, mas allá incluso de la impronta católica que redujo a la pérdida y el dolor la riquísima relación entre el mito, el rito y la poesía.

Gracias a Julio Noriega por abrir tan deslumbrante ruta.

Texto leido en la Conferencia de Jose Maria Arguedas at Villanova University el sabado 28 de octubre 2011

martes, octubre 25, 2011

"Letras indígenas", pionero de los estudios literarios indígenas


Manuel Marticorena Quintanilla / Iquitos

Nos encontramos en este mismo lugar, el aula magna de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana después diecinueve años, es emocionante. El motivo es precisamente para presentar al hijo mayor de Ricardo Vírhuez Villafane, es el hijo fruto del estudio, la ilusión y el amor a la literatura indígena, lo que me hace sentir doblemente emocionado.

En esta presentación de Letras Indígenas en la Amazonía peruana, conformado por tres ensayos apasionantes, recusatorios y escrutador, me permito comentar los avances y bondades de este pequeño trabajo pero grande en sus contenidos.

Rememorando algunos hechos saltantes, Ricardo, con su presencia en la UNAP el año 1992 contagió esa inquietud literaria por comenzar en la publicación literaria y la dedicación a la investigación, en forma paralela de dar lo mejor del conocimiento de esos años para los estudiantes de Educación Bilingüe, considerando que ese año precisamente era premiado en Madrid el Dr. Antonio Cornejo Polar por revolucionar en el contexto mundial con sus nuevos planteamientos sobre la crítica literaria. Desde entonces, cambió la concepción y el estudio de la literatura. Fruto de esta revolución es Aproximaciones a la literatura indígena en la Amazonía peruana, publicado en 1993, con el impulso del profesor Roberto Bedoya Becerra que ya dejó esta vida y fue el promotor activo de Educación Bilingüe de la UNAP. Hoy día presentamos este trabajo ampliado con dos ensayos más y con el título de Letras Indígenas en la Amazonía Peruana, conservando su estructura primigenia de hace dieciocho años.

La obra es un conjunto de tres ensayos muy bien trabajados. Se inicia con un epígrafe inicial que corresponde a la transcripción de un poema shuar en que se puede notar la forma de ser de la mujer shuar.

Continúa una presentación de Ricardo en la que explica los motivos de la elaboración del trabajo y de la estructura que lo integra la publicación.

A continuación pasamos a comentar brevemente cada uno de los ensayos:

El primer ensayo titulado, ¿Más mitos que literatura? Inicia abordando el tema candente de la definición de la literatura:

Para los críticos tradicionalistas, que tuvo vigencia buena parte del siglo XX, literatura es lo expresado a través de la escritura y las demás creaciones eran lapidadas con la denominación de mito, leyenda o folklore.

Una segunda posición lo abandera el Dr. Antonio Cornejo Polar expresando que literatura es toda creación oral y escrita, que muestra la imaginación, ficción de toda cultura humana sea ágrafa o letrada, caracterizándose, de esta manera, por ser una literatura heterogénea y contradictoria.

Ricardo hace el comentario sobre estas dos tendencias y en base a su investigación considera que la literatura se inicia con la oralidad, para dar origen a la escrita y en nuestros días a la computarizada, en su sustento expresa (2011: 11):

Y la oralidad fue también el sustento creativo de la literatura fantástica de la Biblia y el Mahabharata, y también de uno de los libros más hermosos creados por la humanidad, Las mil y una noches, que recoge historias chinas, árabes, persas, abisinias, etc.

Continúa cotejando entre religión y literatura, en la que recusa la falsificación que realizan los religiosos tergiversando la real literatura indígena y supeditándolo a la visión de la religión católica.

Pasa abordar el mito, concluyendo (2011: 19):

El mito es una experiencia, no un argumento. El narrador oral o recopilador solo recoge finalmente la trama, la historia, la anécdota del mito. Y el resultado es obviamente una narración literaria con contenido mítico, y no un mito.

Otro tema abordado corresponde a las traducciones de las versiones indígenas al castellano que realizan en su mayoría sin considerar su valor literario, pero también hay hermosas versiones como La verdadera biblia de los cashinahuas. Valora la importancia de la traducción del que tenga conocimiento profundo del idioma, de su historia y de sus metáforas.

Finaliza con las conclusiones que lleva por título: Continuidad, en lo que plantea:

1° Falta el estudio de la naturaleza oral de la literatura amazónica, haciendo uso de una metodología que obtenga mejores resultados.

2° La iglesia católica ha sido torpe en el tratamiento de la literatura indígena amazónica. Afirmación que se testifica al leer la obra Pai y Mai que muestra la concepción católica, en nada refleja la concepción indígena, es una burda versión.

3° Se debe procurar su inclusión en el proceso de la literatura amazónica. Lo que resulta sumamente difícil por las múltiples lenguas amazónicas.

4° La verdadera creación literaria indígena amazónica será la que se realice en su propia lengua, elaborada por los propios indígenas.

El segundo ensayo titulado, ¿Más literatura que mito? Muestra todo un panorama didáctico sobre la conceptualización del mito. Expresa que en sus inicios el mito es la forma de explicar la realidad cotidiana por el hombre primitivo, que todavía no está preparado en el dominio del conocimiento, le sigue la religión que se encarga de calmar los temores del ser humano y en la actualidad el mito (2011: 31) se conceptualiza como sinónimo de utopía, irreal, absurdo, ilógico y hasta falso. El mitro es en la actualidad la metáfora de la mentira. Estas afirmaciones nos llevan afirmar que es la literatura oral de nuestros días que para Ricardo, por su contenido, es de tres clases:

Literatura fantástica

Realista y

Mítica.

Afirma que la literatura oral es toda una creación no estudiada. Nos demuestra que todas esas narraciones orales son amazónicas, tienen origen europeo y con ojos críticos recusa la torpe literatura mestiza amazónica de nuestros días que se lanzó a la defensa de la “ecología”, ignorando que debe defender a la naturaleza y no a la ecología que es la ciencia que estudia a la naturaleza.

El tercer ensayo titulado, El relato mítico. Nos demuestra que solo los pueblos indígenas pueden tener relatos míticos, por expresar su cultura y pueden ser:

Cosmogónicos

De origen y

Culturales

Concluye expresando, que sólo el escritor será capaz de traducir y convertirlo en relato mítico escrito, si se vale de su habilidad narrativa, caso contrario fracasará.

A manera de conclusión general, el libro de ensayos está conformado por un colofón, escrito por el Dr. Gonzalo Espino Relucé, lo titula, Letras indígenas: alegato y memoria de Ricardo Vírhuez Villafane. Es una valoración aguda de los tres ensayos de Ricardo que se sintetiza en su afirmación (2011: 52):

Así Letras Indígenas en la Amazonía Peruana de Ricardo Vírhuez se empeña en entregar una imagen de lo que se ha producido a la fecha, se convierten en un puerto de llegada, en playa donde tenemos que recalar si queremos estudiar la literatura amazónica.

En calidad de conclusiones, expreso que la obra de Ricardo, titulada Letras Indígenas en la Amazonía Peruana se convierte una puerta de entrada necesaria, indispensable y obligatoria para iniciar el estudio de la literatura indígena en profundidad, para conocerla y entenderla esta literatura que hasta la fecha no ha sido estudiada en su real dimensión. Es un campo virgen sobre todo para aquellos estudiantes que en nuestros días siguen la especialidad de Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana y cuando sean profesionales puedan abordar este campo sumamente rico.

Nos demuestra cómo, esta literatura rica, bella y preciosa ha sido maltratada y ninguneada con una visión etnocentrista, despreciándola y olvidándola. Sobre todo, basándose en la concepción tradicional de literatura que todavía sigue vigente en la mayoría de los estudiosos, esto tiene que ver con la influencia cultural y la actualización al cual todavía no han llegado.

Esta literatura indígena amazónica sigue vigente y así no querramos, debe ser valorada y estudiada. Ricardo ha dado, con esta obra, el primer paso en la investigación de nuestra rica literatura indígena amazónica, haciéndonos ver que tiene gran importancia en nuestro desarrollo cultural, en el proceso de la integración cultural, de la asimilación cultural que siempre ha sido practicada en países europeos, que es su fuente de riqueza. Con este trabajo Ricardo se convierte en el iniciador del estudio y valoración de la literatura indígena amazónica.

lunes, octubre 10, 2011

Ciudad de Agosto


Ricardo Vírhuez Villafane / Lima

Desde sus primeros libros (Pecos Bill y otros recuerdos, 1986; Un bolero más, 1988; Cercos y soledades, 1990; Además del fuego, 1999; Cuentos rodados, 2006; y especialmente Con olor a vino, 2007), Mario Malpartida se ha mostrado como un excelente cuentista y uno de los más destacados en el país. Pese a haber publicado novelas como El viejo mal de la melancolía (2002) y Una loma bendita (2003), su destreza narrativa ha sobresalido principalmente en el cuento y el relato.

Nacido en Lima en 1947 pero radicado en Huánuco desde 1969, Mario Malpartida forma junto a Andrés Cloud y Samuel Cardich el trío de escritores que han dado vida y relevancia nacional a la literatura huanuqueña, desde que en 1985 publicaran en conjunto Tres en raya.

Ciudad de Agosto, recientemente publicada, es una novela cuya acción principal gira en torno al desamor y al narcotráfico. Porque la pareja de amantes que son los protagonistas de esta historia, son elusivos reflejos de los otros personajes que la pueblan. Traiciones, celos, abandonos, peleas, distancias y lejanías son los síntomas que cada personaje padece en distintos niveles. El sicariato, el periodismo, el narcotráfico, los escritores o la literatura orillan el amor devastado por la soledad y la traición.

Con lenguaje colorido, a veces intenso y rico, la retórica de la novela nos acerca a la idea de un viaje hacia la selva. El punto de vista del narrador resalta los prejuicios andinos hacia el hombre y las mujeres de la selva, y es dentro de la vasta Amazonía donde el narcotráfico, sus fiestas y sus personajes cercanos a la muerte desatan su propia furia.

Estamos ante una novela interesante desde diversos niveles. Una novela de lectura rápida, prosa colorida y diálogos precisos. Muchos personajes de la novela son fácilmente reconocibles entre periodistas y escritores de Huánuco. Y ciudad de agosto, alegoría de Huánuco, porque es en agosto cuando las fiestas le dan vida y color a esta ciudad somnolienta.

domingo, octubre 09, 2011

El castellano amazónico


Ricardo Vírhuez Villafane / Lima

Publicado el 2010 y con mención honrosa en un concurso de ensayos convocado por la Asamblea Nacional de Rectores, El castellano amazónico del Perú, de Manuel Marticorena Quintanilla, es un estudio prolijo sobre las peculiaridades que posee el castellano en nuestra selva. Marticorena estudia los aspectos morfológicos, léxicos, sintácticos y semánticos para ofrecernos un panorama único en los estudios amazónicos, pues pese a los trabajos previos de Alberto Escobar, Luis Hernán Ramírez e incluso Enrique Ballón, el presente libro es la labor de un quechuahablante que disecciona desde adentro el funcionamiento del habla amazónica.

Uno de los elementos más destacados del castellano amazónico es la enorme presencia del quechua, que de diversas maneras ha influido en la formación del habla regional. Hablar quechua, por ello, es la gran ventaja que Marticorena despliega en este libro y nos regala un trabajo que sin duda sentará las bases para afrontar sólidamente un estudio sistemático del castellano amazónico.

Hace poco me encontré con Marticorena en Pucallpa. Y no solo coincidimos en esta bella ciudad, sino también en algunas ideas. Por ejemplo, que la Amazonía debería desarrollar la educación a partir de libros de textos escritos en castellano amazónico. No en el castellano estándar, sino en el amazónico, con sus peculiaridades fácilmente reconocibles por el ciudadano de la selva. Decisión política para los gobiernos regionales, sin ninguna duda, pero que enrumbará los pasos hacia una mejor educación y fortalecerá la identidad y la cultura locales. Que Argentina o España utilicen un dialecto oficial del castellano es prueba suficiente para mostrar que la decisión es necesaria, posible y que tiene sobrados antecedentes.

Agregaría, además, que de todas las formas dialectales del castellano en el Perú, ha sido el amazónico el que ha generado un producto más rico, complejo y vastamente difundido en el país; es decir, el castellano amazónico se habla en un espacio geográfico mayoritario de nuestro territorio.