miércoles, noviembre 21, 2012

Cajamarca y el XI Encuentro de Escritores "Baquerizo"




Jorge Rendón Vásquez / Lima

Se realizó en la ciudad de Cajamarca, del 14 al 17 de noviembre del año en curso, y tuvo por sede el antiguo Instituto Superior Pedagógico Hermano Victorino Elorz Goicochea, de la avenida El Maestro. La iniciativa para convocarlo y su organización correspondió al Gremio de Escritores.
En la mañana del miércoles 14, el Congreso fue inaugurado por Gregorio Santos Guerrero, Presidente de la Región de Cajamarca, la entidad auspiciadora, quien demostraba con esa actitud una singular inclinación a impulsar la creación intelectual, como parte de su programa de gobierno, en la antípoda del gobierno central y de otros gobiernos regionales que prefieren mirar hacia otro lado y taparse los oídos cuando se les pide promover la literatura y las artes.
Al comenzar el programa de esa tarde en el auditorio del segundo piso de la sede, más de un centenar de poetas, prosistas y ensayistas, procedentes de varias regiones del país y, en su mayor parte, de capitales de provincia, se disponían a escuchar la disertación del profesor y crítico Luzmán Salas Salas sobre los poetas y narradores de Cajamarca.
En el procenio se exhibían las fotografías de gran tamaño de los escritores cajamarquinos Mario Florián (1917-1999), Amalia Puga (1866-1963), Yolanda Rodríguez de Westphalen (1925-2012), Demetrio Quiroz Malca (1924-1985) y Alfonso Pelaez Bazán (1904-1996).
Luego, desfilaron por el proscenio los numerosos expositores programados para leer sus poemas o una parte de sus relatos, y contar sus experiencias personales en sus periplos de literatos. En sus palabras se podía sentir su vocación, sinceridad y manejo técnico de sus composiciones, brotando como límpidos y generosos manantiales, y revelando tras cada uno la presencia en sus pueblos de compactos grupos de maestros, abogados, ingenieros o simplemente de mujeres y hombres sensibilizados por el afán de elevarse a los niveles más altos de la cultura. Al verlos y escucharlos se infería, por una suerte de conclusión lógica, que estábamos ante el panorama de la cultura popular: fértil, profunda y auténtica.
Los organizadores del Congreso habían instalado en el vasto hall del Colegio mesas para la exposición y venta de los libros y plaquetas de los autores concurrentes, casi todos editados con su esfuerzo y dinero, y expendidos  a precio de costo. No sería exagerado afirmar que la mayor parte fue vendida o canjeada.
En cierto momento llegué a preguntarme si estos valores ya maduros o en ciernes llegarían alguna vez a ser mencionados siguiera en una línea de las páginas de la gran prensa del poder plutocrático o de la prensa oficial. Y  la respuesta fue negativa, porque la función de esa prensa, como instrumento para la alienación de la conciencia colectiva, es impedir que las grandes mayorías sociales se liberen de la ignorancia, se ilustren y avizoren, correlativamente, las vías hacia un mundo sin explotación ni abusos, y excento de peligros para su vida y su salud, gracias, contradictoriamente, a la acción de los escritores comprometidos con esta tarea, como los reunidos en el Encuentro de Cajamarca. En las páginas de esa prensa sólo hay sitio, sin medida, para los artistas baladies, la farándula liviana, los sucesos fútiles, las crónicas policiales y los espectáculos deportivos, magnificados hasta la aberración, y para literatos cultivados en sus invernaderos con la misión de producir obras estériles de mensaje, dirigidas en particular al entretenimiento de las clases medias, que algo tienen que leer. A estos personajes se juntan ciertos literatos formados fuera de ese cenáculo exclusivo, pero cooptados cuando se desclasan, para jugar allí el impostado papel de la diversidad, como exponentes de la cultura popular o como representantes de una bohemia prefabricada. Y bien que lo hacen, alborozados y rebozantes de presunción
A mí me tocó presentar mi nueva novela El oro de Atahualpa el viernes 16 de noviembre a las cinco de la tarde, un momento en que, por una rara coincidencia, hace cuatrocientos ochenta años el Inca Atahualpa ingresaba  a la plaza de Cajamarca con su séquito desarmado, donde fue capturado por Francisco Pizarro y sus mercenarios, tras un alevoso ataque y el asesinato de más de seis mil hombres y mujeres que lo acompañaban, genocidio introductorio al saqueo del oro y la plata, hechos que relato en esta novela.
Como del 14 al 17 de noviembre, Cajamarca se había convertido en la capital de la literatura, la prensa de derecha local y nacional, escandalizada y decidida a estigmatizar al Encuentro de Escritores, redobló sus ataques al Presidente de la Región, Gregorio Santos, a quien culpaba por esta explosión de cultura popular. Pero no se detuvo allí y un diario local se lanzó a la vesania de propalar un malévolo infundio, para lo cual hizo tomar fotos de los numerosos asistentes al acto inaugural entre los que descubrió a un excondenado por una acusación de terrorismo, y luego publicó en primera página una nota afirmando que el MOVADEF estaba infiltrado en el Congreso. Fue una felonía, porque esa persona estaba allí, no como invitado, sino porque la asistencia era libre y a nadie se le prohibía el ingreso. Como el mismo diario lo dijo, había cumplido ya su condena y era, por lo tanto, una persona en el goce de la plenitud de sus derechos. Afirmaciones como esas caen en el campo de la ilicitud y son sancionables penalmente. Es bueno recordarlo: a pesar de todo su poder los diarios y otros medios de comunicación social no gozan de impunidad para insultar o difundir falsedades que hagan daño o atenten contra el honor y la dignidad de las personas.
Pero, en el Encuentro de Escritores nadie se atemorizó y ni siquiera se preocupó por esta inicua campaña. Al contrario, para todos fue muy claro que estaban en el buen camino y, a lo más, alguno recordó esa antigua sentencia castellana que dice: “Ladran Sancho. Es señal de que avanzamos”, continuada por la exclamación unánime: ¡Conga no va!
Por un acuerdo de los concurrentes se decidió que la próxima sede del Encuentro Nacional de Escritores Manuel Jesús Baquerizo será la localidad de Ate Vitarte en Lima.
Al concluir el ágape de terminación de esa semana consagrada a la literatura, servido al mediodía en el típico restaurante El Zarco de la campiña cajamarquina, los escritores allí congregados nos dimos un fraternal abrazo, con pena por separarnos, pero animados por la alegría y la esperanza de volver a reunirnos en el próximo Encuentro.
(19/11/2012)

miércoles, noviembre 14, 2012

Al habla con José Hidalgo


¿Por qué escribir un poema al pisco?

Cuando tú levantas una copa de pisco al trasluz, vas a ver, ¡qué cristalino es ese líquido! por eso este poema del pisco dice así:

Agua
más pura
que el agua
Agua en llamas;
Agua
de mis incendios,
ardiente agua
para tomar
en sorbos de niebla
la vida.
Agua de uva
quebranta
Agua más pura
que el agua.
Pisco puro, acholado,
de chacra,
deseo y fiebre
en mi copa,
desgajado sol,
atrapado sol,
pisoteado
y exprimido río,
mar, cofre
de mis espejismos,
agua de uva
quebranta,
agua mas pura
que el agua.

¡Salud pues!
¡Salud contigo
y conmigo!
¡Salud parras!
¡Salud veranos!
¡Uva,
reina de las vendimias,
salud!
¡Botellas
de mis naufragios
denme de beber!

¡Ancianas
pipas de roble,
botijas y damajuanas,
brindad conmigo,
salud!

¡salud, pisco puro
Acholado,
de la chacra y de la casa,
pa! mi consumo
no mas,
ese que no se vende
compadre,
agüita de uva
quebranta,
agua más pura
que el agua,
salud!


¿Y como se llama el libro donde escribió el poema que acaba de recitar?

Es un poemario mío, que ganó el premio de "Poesía del Sur Medio Abraham Valdelomar". El libro se llama "El reino del Gran Curaca". Los poemas de este libro están integrados por elementos naturales de Ica, que son como los miembros de una gran corte de un Gran Curaca, que es un Dios cosmogónico.

Entonces así como el poema hace mención a las particularidades del pisco, también hace alusión a otro elemento iqueño, que es la "Teja" y dice así:

Cascara de azúcar blanca
blanco, manjar codicia de mi
niñez, dame
tu corazón, pecana
abierta de par en par.
Ábreme pronto, novia,
el delicado encaje
de tu vestido blanco
hecho en papel. Desnuda
quiero comerte
a besos y que a mordiscos
bese tu pulpa,
carne naranja
labio limón. Y el higo
de tu vientre dame,
en nuestra golosa,
dulce, luna de miel.

¿Y en qué año se publicó este hermoso poemario?

Se publicó en el año 1986. Y como habrás notado mis poemas esbozan a los elementos iqueños, a las líneas Nazca, al huarango, el pallar, la china, la teja, el pisco, la yuca, la quincha, la laguna Huacachina, la laguna Saraja, el cerro Saraja, a la Paraca y al Gran Curaca que es ese Dios hacedor.

Otro ejemplo es el poema a la yuca que dice así:

Tomad y comed,
este mi brazo,
Tomad y comed,
esta es mi pierna
Tomad y comed,
este es mi cuerpo
raíz y bulbo nacido
en el cielo
subterráneo de la tierra.
Tomad y comed: este es
mi cuerpo,
carne de harina
huesos de harina,
harina tierna
para la geografía redonda
de tus platos.

En los días de sol,
en los días brillantes
de los alumbramientos,
sacadme, campesino,
de la entraña
de la tierra para ver
la luz,
bailando alborozada
en los mercados.

Lavad y abrid, mujer,
la dura placenta
de mi corteza,
entre abrazos recibid
cada uno de mis brazos,
partid y repartid
mi anatomía, hostia
a la que si puedes meter
cuchillo
que las hebras de mi aroma
banderas
de triunfo
sean en el reino
de tu cocina
y tus ollas
al recibirme canten
pachamancas de gloria
para los tuyos.

¡Tomad y comedme, pues,
obrero,
este es mi cuerpo¡
¡Tomad y comedme,
compañero,
a manos llenas!
¡Tomad y comedme,
niños,
yo soy la yuca!
¡Enterrad vuestra pobreza,
clavad el hambre
en mi
clavad el diente!


¿Y por qué escribió un poema dedicado a la quincha, qué significado tiene?

El poblador iqueño, el costeño en la época de los incas, de los curacas, no tenían esa residencia como por ejemplo en Pachacamac. O en el norte como esa ciudad de barro en Trujillo, esos eran los templos los que usaban los señores. Pero la casa del pueblo era de quincha, que es caña y barro. Incluso hasta ahora vemos una casa de quincha, en cualquier costadito de camino de tierra, del terreno que le ha quedado al hombre del pueblo. Yo quise hacer un poema al barro, pero me di cuenta que me estaba equivocando cuando pasé por Pachacamac, entonces opté por la quincha, y era a la quincha a la que tenía que escribirle porque era realmente del pueblo.

Entonces dice así:

No soy
El muro
Inaccesible de las fortalezas
¡ah, poderoso escudo para el
asedio!

No soy
el majestuoso muro
de los templos donde los
dioses oyen
y observan a través de los
poros
del barro.

No
la soberbia, no
la altivez de los palacios,
efímeros
refugios del poder.

Tampoco
el solariego muro
en la casona colonial o en la
hacienda
donde el sol brilla
sólo para el diente del señor
feudal.

Ni la pulida arista,
los empinados perfiles, el
abrazo
de las paredes en una ciudad.

Sólo
armazón
de caña
brava y piel
de tierra
macerada
soy.

Sólo quincha
para tu frío
y tu calor.
Sombra y flores
de buñiga
soy
para la lluvia
y el viento,
sus asaltos feroces,
sus lanzas,
sus aullidos y sus puños
de arena.

Apenas, casi
alicaída forma, garabato
de la arquitectura,
desafío del volumen y el equilibrio
en la pampa polvorienta
y la campiña, en la desembocadura
del nervio de una duna,
de cara a los caminos
o al pie de los huarangos o a
la sombra
y las agujas de algún espino.

Rosa de mecheros también
soy.
Mortecina caricia
de velas encendidas
y leños crepitantes, fetos
de humo
y sudores fantasmas
de yucas
y de papas sancochadas,
recortando tatuajes
de hambre
en el lodo
roturado y seco.

Nido
de pájaros sin alas.
Prolongación del barro
y del cimiento
vegetal, casa quebrada,
torcida luna
escama y costra
en la herida de la pobreza
grieta en el cielo,
rajadura en la paraca,
horizonte
de desvencijadas flechas
apuntando al sol.

Pero.
también
palacio,
templo,
paraíso,
comarca,
señorío, territorio tomado
y cercado a dentelladas.
En fin, parpado del hombre sin
rostro,
que quiere despertar,
mientras bebe la vida y la
fecunda
al fuego
de la noche y sus estrellas.


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Tomado de http://diariohoracero.com/actualidad.php?edicion=48&noticia=3