miércoles, abril 13, 2011

YVAN YAURI: Viento de fuego


Escribe Mariela Dreyfus

INTUYO ALGUNAS COSAS:
SOBRE FIRE WIND / VIENTO DE FUEGO DE YVAN YAURI

UNO

El poeta Yván Yauri nació en el Cusco en 1963. Por cronología, pertenecemos (es un decir), a la misma generación poética o mejor dicho, a esa misma promoción que lanzó sus primeros poemarios al ruedo a comienzos de la década de 1980, que en la historia peruana resulta bastante confusa y convulsa, pero ante todo tremendamente dramática. Entre los pares generacionales de Yauri en la zona sur del Perú, que tiene como núcleos –siempre ha tenido- a la ciudad altiplánica de Puno, limítrofe con Bolivia; al centro imperial de la ciudad del Cusco y a la bella, mestiza joya arquitectónica de Arequipa, puedo incluir de inmediato a los arequipeños Oswaldo Chanove y Alonso Ruiz-Rosas, gestores en su tiempo de interesantes revistas literarias como Ómnibus y Macho Cabrío, y en los andinos Odi Gonzáles (Cusco) y Dida Aguirre (Huancavelica), ambos quechuahablantes que han recuperado para su poesía la lengua madre y la incorporan a su obra, si no directamente, por lo menos como el sustrato que sostiene, en la sintaxis y en el feeling, su escritura poética en español.

Pero Yván Yauri es un viajero empedernido que muy joven dejó su natal Quillabamba (“Llanura de la luna”, en runasimi), para recorrer mundo y dedicarse, durante quince años, a múltiples oficios en España y otros lugares de Europa. También la política ha sido un elemento fundamental en la trayectoria de Yauri, que tiene militancia en el trotskismo. Por tanto es recién en 1998, con una visión ya rica en experiencia y un lenguaje pulido por la errancia, que Yauri publica su primer poemario, Rastro, en 1998. Tardará nueve años más en soltar el segundo, Viento de fuego, aparecido en el 2007, lo mismo que Reapertura del sumario, y ya en el 2009 saldrá a luz el último, su Saga errante. Nótese las connotaciones políticas del penúltimo título y la insistencia en el viaje del último.

DOS

Mi referencia geográfica a la región sur-peruana en el pasaje anterior no es gratuita; me sirve para situar a Yauri, a quien recién conozco en persona esta noche por primera vez, no sólo en el ahora sino en relación a nuestra rica tradición poética del siglo pasado, que se inicia con las altísimas voces de José María Eguren y César Vallejo, autores de sendos conjuntos fundacionales: Simbólicas (1911) y La canción de las figuras (1916), el primero, y Los heraldos negros (1918) y Trilce (1922), el segundo. A la telúrica aparición de estos dos vates, sigue una fructífera década en que se instala finalmente la modernidad en nuestras letras y se asientan las voces geniales de Xavier Abril, Carlos Oquendo de Amat, Enrique Peña Barrenechea, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen y César Moro, junto con los poetas del grupo Orkopata de Puno, cuyo estro en la poesía de Yauri adquiere sorprendente –y renovada- visibilidad.

TRES

La vanguardia altiplánica supo asimilar en poesía las más grandes experimentaciones del momento –quiebre de la sintaxis; incorporación de neologismos tecnológicos y de quechuismos: libertad en la disposición del verso sobre la página en blanco, arriba –o abajo-, cada vez más a la derecha o descendiendo como el desnudo en la escalera cubista de Duchamp. El poema fluye ampliamente, en largas cadenas anafóricas, enumeraciones como ríos desbordados, delirio y rigor a un tiempo. En sus picos más altos vislumbramos el collage onírico de El pez de oro, de Gamaliel Churata, tesoro aún no rescatado, o los Cinco metros de poemas, de Oquendo de Amat.

De ese mismo chorro intenso de imágenes y emociones desbordadas, de ese mismo manantial abrevan los versos de Yván Yauri en Viento de fuego, el poemario que he venido a presentar. Breve en extensión, articulado con la precisa exactitud del sueño, Viento de fuego es para mí un viaje ritual por los linderos de la montaña, por las alturas exaltadas del cuerpo de la amada, o por el hondo clamor que no cesa de una comunidad sojuzgada. Pero es también al mismo tiempo el descanso en los valles florecidos y calmos, en los recovecos más tiernos y amables del corazón humano, al que se le habla, del que sólo puede hablarse apelando a la estricta intimidad del diminutivo. Y aquí cito al respecto dos pasajes:

El primero, de los versos iniciales de “Ritual”, que me disculpo anteladamente en fragmentar porque su ritmo es un continuo fluir:

Resbalo de tu cadera parda
amo los otorongos que respiran
lamo tus flancos de marea
arde una cuesta
donde tus pechos
revientan de mangle
de látex de mercurio
polen tibio en su abismo
araño con mi rumbo
tu pupila de nieve tu laringe
mi aliento quema la distancia
la calma del beso en el desierto
penetro en tu vértigo
en tus peces
para temblar como canto (…)
(12)


El segundo, de “Otoño en el tiempo”:

Con ciertos materiales
hemos levantado el arrojo en cualquier sitio
pero también la angustia
la nostalgia
con esta pendiente escarpada
envuelta en perfume de fogón
una extensión cubierta de picos atareados
con estas nubes casi sin carga
encima de tienditas
y wainitos de radio.
(26)


Esto es lo que celebro, repito, en las páginas poéticas de Yván Yauri: su flujo de torrente, la fuerza encadenada de sus imágenes, su método poético que dialécticamente fusiona -y fisiona- pero vuelve a reunir en un solo discurso el milenario acento de los cerros y quebradas del Ande con el rugido de un aeroplano o el falso brillo de los jardines financieros de New York. El Homo sapiens que recorre sus páginas siente un dolor antiguo pero espera, severo y soberano, una dosis mayor de humanidad, el roce amoroso que por fin lo instale en los albores del tiempo, reconciliado consigo mismo, sin mirar atrás. Hay un hálito de pureza en este alegato de Yauri, junto con fuertes dosis de rabia pero también de pasión y sobre todo, de amor. Un canto que es llanto pero es canto, warm as a warmi, o sea, dulce en la alborada como una mujer tibia / un hombre tierno.

CUATRO

La traducción de Viento de fuego / Fire Wind, es una empresa a cuatro manos, comme il faut. Quiero decir que a esta poesía panteísta, de fuerte raigambre social, donde la voz poética intenta expresar desde el nosotros el rostro oculto de una colectividad, le hubiese quedado corto un solo traductor. He señalado ya que el propio Yauri se mueve entre dos universos encontrados, dos visiones del mundo que desde siempre chocan pero que en su caso logran más bien armonizar: el mundo del Ande, su interpretación mágica del mundo, y la racionalidad –fracturada- del Estado moderno en el Perú. Yauri parece llevar en su linaje dos culturas que son dos lenguas que son dos modos de sentir –y de vivir. Del mismo modo, la traducción de Viento de fuego se debe a dos jóvenes y talentosos escritores, una española de Asturias, Marta del Pozo, y el otro norteamericano de Chicago, Nicholas Rattner, que han logrado compenetrarse en este trabajo a dúo para volcar con gran soltura y fidelidad al inglés, los densos sentidos y la música sostenida de la poesía de Yauri en castellano.

Hace un par de meses Marta contó, en el auditorio del King Juan Carlos Center de New York University, donde también se presentó este libro, que en su decisión de trabajar con Nick hubo algo de lúdico, pues la oferta le llegó de repente una noche en un bar. No importa: las mejores empresas creativas son fruto del más puro azar.

Por eso celebro también que una tarde de hace unos cuantos años –no muchos-, el gringo Nick andara por el Cusco con su mochila buscando buenos autores que leer –y rescatar. Celebro también que esa mochila volviese cargada con los poemas de Yván Yauri, y ese impulso que una noche llevó a Nick a buscar a Marta en el bar para contarle su plan. Celebro además que después los dos juntos hayan contactado a Matvei Yankelevich, director de la cada vez más importante prensa neoyorquina, “Ugly Ducking Presse”, o que hayan llegado esta noche hasta aquí, al boliche de Javier. Tanta coincidencia debe ser obra de algún Apu, al que también deberíamos celebrar.



* La presentación del poemario de Yván Yauri: Fire Wind. Translated from the Spanish by Marta del Pozo and Nicholas Rattner (New York: Ugly Duckling Presse, 2011), se realizó en la librería “Mc Nally Jackson Books” del Soho, Nueva York, como parte del ciclo de libros en español que dirige el promotor cultural uruguayo Javier Molea.


Mariela Dreyfus (Lima, 1960), es autora de los poemarios Memorias de Electra (1984), Placer fantasma (1993), Ónix (2001), Pez (2005) y Morir es un arte (2010). Fundadora y disidente del movimiento Kloaka (1982-84). Estudió Literatura en San Marcos (Lima) y Columbia (Nueva York), donde se doctoró en Literatura Latinoamericana. Es co-editora del volumen crítico Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela (2007) y ha publicado también el estudio Soberanía y transgresión: César Moro (2008). Reside en Nueva York desde 1989 y actualmente es profesora de la Maestría de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York (NYU).

martes, abril 12, 2011

MELISSA RAMIREZ: poesía

Con P de puta


Una puta de catálogo, de Leonisa, de Esika,
de balcón, no una puta cualquiera.
Una puta de colegio privado,
de ICPNA,
una puta que come en Bembos, Kentucky y Pizza Hut.
No una puta cualquiera.

Una puta que se viste en Ripley,
que se tiñe el cabello castaño,
una puta que bebe Cusqueña.
Una puta que usa tacones Via uno,
que se pone labial rojo,
que se coloca en las uñas esmalte de
… putas.
Una puta con formación,
una puta de salón,
una puta de compañía, una puta que se le invita a salir.
No una puta cualquiera.

Una puta que lee comercio,
que fuma Marlboro, que baila en Ozone.
Una puta que escucha jazz,
que goza con Madonna.
Una puta que no te cobra.
Una puta que disfruta lo que hace,
cómo lo hace y cuándo lo hace.
una puta virtual, una puta de novela
Una puta que se enamora, que dice la verdad.
No una puta cualquiera,

Ella una super puta,
una gran puta,
una puta única,
una buena puta.



Tres


Aprendimos a vengarnos
con metralletas, pólvora y recargada indiferencia
con cargamento de ira y municiones de penas
mezclamos sangre y agigantadas vasijas de saliva
te acostumbraste a disparar sin benevolencia
porque te arrimaste a mi cuerpo
me contaste dos verdades
y una mentira de relleno.


La batalla está perdida
tu y yo estamos muriendo
dos a uno me haz vencido
sigo caminando en el ritual de ensueños.


Quien merece el perdón, se aleja de el
seremos tu, yo o quizás él
porque aprendimos a no amarnos
a olvidarnos, a odiarnos
a dejar entre renglones
nuestros atardeceres en el palco
a borrar los mil te quiero
en nuestro ya clásico andar urbano.


Y nos despedimos a medias, a regañadientes
engañándonos que había terminado
y nos dimos un respiro
callado, razonado.


Empezamos a crear figuras extrañas
a concebir tríos donde sólo había dúos
a mentir más de lo que ya hacíamos
a besarnos en un lugar aún mas oscuro
a no mirarnos de frente
a ocultar nuestro idilio silente.
Porque
si haz regresado a mi, es que algo te hace falta
si olvidó besarte, puedes venir a buscarme
si tuviste un encuentro verbal ofuscante
está bien, yo preferiré callarme
si se olvidó de mirarte, tu ya sabes
mis ojos están hechos para admirarte
¡vamos!
sólo aprende a mentirle
a mirarla sin ojos, a hablarle sin letras
engáñale una frase de amor
invéntale una proposición de encantamiento
¡vamos!
y dile que ya no nos vemos
que no tenemos más nuestras noches de invierno
que me he perdido tus últimos besos
que eres de ella y a mi me haz olvidado por completo
¡vamos!
invéntale y dile que ya no nos vemos
que apenas hablamos, que casi no nos conocemos
engáñale que ya no te amo
e invéntale una frase que se lo asegure por completo
¡vamos!
y dile que ya no nos vemos
que nuestras noches por fin murieron
júrale en el día amor sincero
porque tu y yo sabemos que de noche
nuestro amor aún es perpetuo.

EL CAMPEÓN DE MARINERA: novela del desarraigo


Escribe Crisóstomo Gamboa Mendoza
(Universidad Nacional Federico Villarreal)

La tradición popular alimenta la memoria colectiva de nuestra nación y contribuye a engrandecer las condiciones para una identidad nacional. Sus diversas manifestaciones siguen siendo materia inagotable para la creación de las más variadas narrativas del Perú, un país donde conviven y confluyen una serie de costumbres, cosmovisiones, lenguas, etc. Todo el crisol de elementos culturales no hace más que engrandecer la cultura peruana, pero también hacen evidentes las marcadas diferencias que existen entre unas y otras (heterogeneidad).

Ricardo Virhuez Villafane (Lima, 1964) utiliza magistralmente para la creación de su novela ‘El campeón de marinera’ (Editorial Pasacalle, 2011) precisamente uno de los elementos festivos del Perú: la marinera norteña, que se constituye dentro de la diégesis textual como elemento conductor de una serie de acciones, haciendo posible que los personajes se desplacen por situaciones de carácter sentimental.

Benito Tafur y Jimena Dianderas vivirán una experiencia de amor teniendo como fondo musical el ritmo de la marinera. También la novela plantea tangencialmente el problema de la territorialidad (arraigo y desarraigo), pero por sobre todas las cosas aborda la condición y la complejidad del carácter humano.

La sensibilidad del protagonista Benito Tafur hace posible que a través de la melodía de una marinera logre establecer una relación directa con el espacio y con el tiempo, produciéndose un efecto casi místico en relación con la emotividad de sí mismo. Precisamente el relato logra hacer de la marinera no solo un simple elemento coadyuvante, sino que también logra su independencia; tanto así que la ubicamos de principio a fin dentro de la novela, y toma mayor protagonismo en el momento del concurso en el que participan Benito y Jimena.

La ejecución de la marinera por parte de Benito Tafur permitirá establecer puentes personales de carácter amical, sentimental y social. La fluidez y naturalidad con que son narrados los hechos permiten al lector mantener una constancia de lectura ininterrumpida, debido a la estrategia de mantener en constante expectativa al lector; es decir, las acciones quedan por momentos postergadas, para dar paso a la intriga, para posteriormente ir revelando y aclarándose la historia.

Novela corta, novela ágil, novela juvenil, novela del desarraigo, novela de costumbres. Dejemos al lector que juzgue y disfrute de la maravillosa y conmovedora historia de Benito Tafur, el campeón de marinera.

LOS SUEÑOS Y EL MAR: Teófilo Villacorta Cahuide


Por José Luis Ayala

Teófilo Villacorta Cahuide (1) es un artista dotado para expresarse con talento de varias maneras (2). Su pintura viene a ser una visión múltiple y caleidoscópica de la realidad y el ensueño (3). Su poesía es un registro de la experiencia humana, una especie de confesión en voz alta para dar una visión, respecto a tragedia que significa vivir en un tiempo lleno de conflictos (4). Sus cuentos se refieren a la otredad. Es decir, a la forma de ver al otro, a los otros, en quienes también están en él. En este caso la identidad con los otros, hace que también seamos nosotros.

Un primer aspecto que exige un lector más o menos formado o que tenga cierto criterio crítico, es que el cuento tenga los requisitos esenciales con que debe ser desarrollado. El personaje o personajes, los conflictos humanos y el desenlace. El vanguardismo y la modernidad, sin embargo han traído, la necesidad de desconocer estos principios y producido notables cuentos. Aun así, en el cuento tiene que haber una persona o varias de carne y hueso o que hayan antes estado presentes. Si no hay un drama humano y si éste no se resuelve “racionalmente”, no es cuento, es un esperpento literario.

Todos estos requisitos reúne los cuentos de Teófilo Villacorta Cahuide, quien ha reunido diez y ocho narraciones en el libro: “Volver al mar como en los sueños” (5). Se trata de un texto que ha merecido el Premio Nacional de Educación Horacio 2010, en el género Cuento. Lo primero que advierte el lector es que el narrador conoce los mecanismos técnicos para escribir cuentos. Pero sobre todo, desarrolla un adecuado equilibrio entre los personajes, así como el entorno social y la vida interior. La ausencia de diálogos es intencional para narrar estados de ánimo, formas de pensar y emociones.

Por esa razón, muy pocas veces aparece el lenguaje cotidiano, la forma de hablar de los personajes. Es que desde un principio, el narrador decide que sus personajes no hablen, sino más bien piensen, intervengan actuando más que dialogando. Como se sabe, en la narración se puede distinguir al autor, al narrador y al narrativo. El autor es la persona que imagina la narración, es quien resuelve todo el universo antes de escribir, imagina el texto desde el comienzo hasta que termina de escribirlo. Es quien desarrolla el discurso propiamente dicho. El narrativo es el destinatario de la narración, es el receptor de lo que se afirma o aconteció un hecho en determinado lugar y tiempo.

Teófilo Villacorta Cahuide sabe que estos elementos son claves, por esa razón, antes de escribir sus cuentos, decide que transcurran en la geografía física y humana que más conoce. Pero al mismo tiempo, es autor y narrador, imaginista y poeta. Precisamente, su sensibilidad de pintor hace que los puertos aparezcan como si se tratara de una acuarela verbal, la técnica que usa le permite ser a la vez quien plantea el tema, cuenta, habla por sus personajes, pero en el fondo es él mismo. Así, el narrador y el escritor cuentan juntos, ambos narran historias que conocen, porque demás está decir, que en los cuentos de Villacorta, hay mucho más de experiencia por no decir de autobiografía que ficción.

Por supuesto, también en sus cuentos hay ficción, imaginación y percepción. Ficción cuando narra dándoles vida a personajes y dotándoles de presencia nítida. Imaginación cuando crea una realidad más humana para sus personajes. Percepción cuando capta el entorno humano de quienes crea, para que tengan vida a través de la palabra. De modo que se trata de un escritor versátil en cuyas narraciones la plástica está permanentemente presente en el paisaje, en cuadros humanos donde se realizan las acciones. Habría que adicionar a esta arriesgada apreciación, el lenguaje limpio y cuidado, las palabras que escoge para producir un adecuado efecto narrativo.

Precisamente, a través de sus cuentos es posible percibir la experiencia y destreza de la narración, donde el narrador, el escritor y el cuentista convertido en un nictálope, camina hasta llegar a la meta. José Saramago al registrar esta experiencia dijo: “Mi narrador no es el narrador realista que está ahí para contar lo que ha sucedido, guiado por el autor, que, a su vez, mantiene la distancia. Al contrario, yo busco —aunque sin saber muy bien lo que hago o, en todo caso, empiezo a entender lo que estaba buscando después de haber llegado— una fusión el autor, del narrador, de la historia que se cuenta, de los personajes, del tiempo en el que vivo, del tiempo en el que se desarrollan los hechos… Es un discurso globalizador en el que cada uno de estos elementos desempeña igual papel”. Público, Lisboa, 2 de noviembre de 1991. (6)

El conocimiento que Teófilo Villacorta Cahuide posee respecto a la forma de narrar se inscribe dentro de los conceptos modernos de la literatura, especialmente del cuento. Es decir, que no se trata de un aficionado, se nota que ha realizado no solo cursos de aprendizaje, sino que además ha leído sin duda a los mejores cuentistas. Así se nota cuando se lee con verdadera atención de lector zahorí. A veces el narrador, se convierte en personaje, de modo que estamos frente a un maravilloso tejido verbal de colores, delante de un arco iris en el que detrás de él aparece la mirada del narrador.

Esta experiencia ha sido muy bien descrita por el Premio Nobel de Literatura 1998, cuando dijo: “En ocasiones digo que el narrador es otro personaje más de una historia que no es la suya, dado que la historia pertenece por entero al autor. Mi aspiración es borrar al narrador para dejar que el autor se presente solo ante una entidad más grande o más pequeña: los lectores. El autor se expresa por él mismo y, a través de esa suerte de pantalla que es el narrador. Es cierto, existe el narrador omnisciente, pero también es cierto que se puede sustituir el narrador por el autor omnisciente”. El País, Montevideo, 24 de junio de 1994. (7)

En el específico caso del cuento El Verdugo, la distancia entre Cahuide y el narrador es mínima. No hay espacio libre y menos fisuras para imaginar de otra manera el argumento del cuento. Ese hecho se debe a que antes de escribir cada cuento, hay un planteamiento técnico, como si un arquitecto diseñara, dibujara, hiciera una maqueta antes de empezar la aventura de llenar con palabras, la pantalla de la computadora que debe traducirse en poblar de palabras, la hoja en blanco. Esa es sin duda una virtud que Cahuide debería seguir explorando, pues se trata de una experiencia personal nueva y fecunda, que sin embargo, también la describió José Saramago al decir:

“El espacio que hay entre al autor y el narrador está ocupado, en ocasiones, por el narrador que actúa como intermediario, a veces como filtro, que está allí para filtrar lo que pueda ser demasiado personal. El narrador está ahí a veces para ver si se puede decir algo sin demasiado compromiso, sin que el autor se comprometa demasiado. Diría que, entre el narrador, que en este caso soy yo, y lo narrado, no hay ningún espacio que pueda estar ocupado por esa especie de filtro condicionante o por algo impersonal o neutral que se limita a narrar sin implicaciones. Se puede decir que hay una implicación personal en lo que escribo”. Juan Arias, José Saramago: El amor imposible, Planeta, Barcelona, 1998. (8)

En fin, ¿cuánto de personal hay en los cuentos de Cahuide como así también se le llama? Desde el punto de vista literario todo le pertenece, menos los personajes que desde que son creados empiezan a ser libres cuando el mensaje llega a los lectores. Mucho tienen que ver los conceptos de la academia y la práctica literaria. Por ejemplo: El Quijote de la Mancha, Paco Yunque, Rosendo Maqui, La Maga, El loco Moncada, Chacón “El Nintálope” existen, independientemente de sus autores. De igual modo: Maritza, El aceitero, El guanero, El verdugo, El abuelo y La abuela, vivirán aunque después nadie sepa que son criaturas creadas por Cahuide.

El entrecruzamiento entre el narrador y el autor, entre el pintor y el poeta a veces es inconsciente pero, evidente. En otras palabras, esa forma mágica forma de narrar provoca que el crítico o el lector acucioso, se detenga para preguntarse dónde está el narrador. Esta extraordinaria experiencia ha sido muy bien descrita por el autor del célebre libro Ensayo sobre la ceguera (9). “El narrador —dice— no existe, es una invención académica, gracias a la cual se han escrito miles de páginas en tesis doctorales […] El autor usa al narrador igual que usa a sus personajes, lo pone allí para decir lo que pasa. Pero está dentro de la historia, incluso el autor. Mi forma de narrar no coincide con los cánones. Yo soy el que escribe, y eso significa más de lo que parece, que yo estoy allí y soy el único que tiene que inventarlo todo […] Y, si para todo lo que se expresa hace falta un narrador, ¿dónde está el narrador en Las meninas? (10) El narrador soy yo, y soy los personajes, en el sentido de que soy el señor de ese universo. Y, a lo mejor, el lector no lee la novela, sino que lee al novelista. En el fondo, es eso lo que interesa saber: quien es ese señor que ha escrito eso”. Época, Madrid, 21 de enero de 2001. (11)

Pero sucede que a este juicio habría que agregar que Cahuide es además un artista multifacético, de modo que es lícito preguntarse: ¿Dónde está el poeta? ¿Dónde está el pintor? La respuesta es que se trata de una sola personalidad, pero con distintos lenguajes que se complementan. De modo que esa concurrencia de un innato talento, desde distintas vertientes, nos permite decir: Escribe cuando pinta un cuento, pinta cuando escribe un poema, narra mientras pinta un pasaje de la realidad, pinta la naturaleza humana con palabras; describe al ser humano y pinta la vida interior de las personas que lo acompañan. Mientras pinta escribe un poema que viene desde el fondo de su ser más íntimo. Así, la poesía, las palabras y la imaginación se mezclan y, no se sabe si sus cuadros son narraciones o si su pintura es un poema, es una forma de narrar para vivir, para hacernos vivir y olvidar que la muerte existe.

El poeta es capaz de abolir al tiempo, el narrador transgrede las leyes que tienen las palabras y el pintor puede atrapar la eternidad para siempre, en un cuadro. Teófilo Villacorta Cahuide como mago del color y la palabra está dotado para escrigramar, grafipoemar, poesimapintar, pintagramar (12). En otras palabras, gramapintar, narrapoetizar, dibujapoemar, poemadibujar y finalmente gramapoetizar a base colores y metáforas (13). Es que para un artista total, es necesario también inventar nuevos términos, la crítica inteligente no puede usar los mismos mecanismos y las mismas palabras.

En síntesis, lo que queremos decir es que Teófilo Villacorta Cahuide, siempre desafiará a la crítica, al ensayo y a la inteligencia. Un artista de esa dimensión requiere de una distinta forma de escribir para describir y reescribir lo que ahora se ha dicho en torno a él. Narrador, poeta y pintor, reúne todos los requisitos para observar y retener en las retinas la dura realidad. Todos estos elementos hace que esté dotado por los Dioses milenarios de las culturas peruanas y pueda escribir una gran novela. Y ese día llegará porque es el camino que le espera, tal vez escriba más libros de cuentos y poemas, haga más cuadros de pintura. Tal vez no lo sepa, pero la novela que publicará ya está tocando la puerta de su taller y llega temprano con la vigilia. Cuando ese sueño se haga realidad, también lo abrazaremos emocionados como ahora, que compartimos sus proyectos y el mar interior de un gran artista.

NOTAS

1.- Teófilo Villacorta Cahuide. (Aija, Ancash, 15 de octubre de 1966). A los ocho meses de nacido fue trasladado a la caleta de Culebras (Huarmey), allí creció observando el mar que después será motivo de su literatura y pintura. Estudió en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Formación Artística de Ancash. Publicó poemas y desarrolló su labor pictórica. Su primer libro de cuentos titula "Aventuras en Marea Caliente", luego publicó "Flores en Mi Celda" (poesía) en 1999, "Nostalgia Desde Los Escombros" (poemas) en el 2001 y "De Color Rojo" (Relatos) en el 2003.
2.- Lo primero que conocimos fue un óleo de Cahuide, desde entonces, tenemos pendiente escribir un ensayo sobre su pintura.
3.- Teófilo Villacorta Cahuide. Volver al mar como en los sueños. La realidad y el ensueño. Arteidea Grupo Editorial. Lima, 2010.
4.- Una característica del libro de Teófilo Villacorta Cahuide, es que refleja muy bien un mundo en permanente ebullición y cambio.
5.- Teófilo Villacorta Cahuide. Volver al mar como en los sueños. Es importante el juicio emitido por Braulio Muñoz, (nacido en Chimbote, Ancash). Sociólogo y profesor de Sociología en Swarthmore College, entre Filadelfia y Lima, Pensilvania. Autor de los libros de ensayo “Sons of the wind” (1982), “A story teller. Mario Vargas Llosa between civilization and barbarism” (2000), y de las novelas “Alejandro y los pescadores de Tancay (2004), y “Peruvian notebooks” (2006).
6.- José Saramago en sus palabras. Edición y colección de Fernando Gómez Aguilera. Alfaguara. Pag. 251. Madrid 2010. José de Sousa Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 16 de noviembre de 1922 - Tías, Lanzarote, España, 18 de junio de 2010), escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. En 1998 se le concedió el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca destacó su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía».[]
7.- José Saramago en sus palabras. Edición y colección de Fernando Gómez Aguilera. Alfaguara. Pag 251. Madrid 2010.
8.- José Saramago en sus palabras. Edición y colección de Fernando Gómez Aguilera. Alfaguara. Pag 251. Madrid 2010.
9.- Ensayo sobre la ceguera. 1995. Ensaio sobre a Cegueira, se refiere a una extraña epidemia condena a una ciudad a la ceguera blanca.
10.- Alusión a un cuadro conocido popularmente desde el siglo XIX con ese nombre. Originalmente se le llamó La familia de Felipe IV y es, probablemente, la obra más importante del pintor español Diego Velázquez. Es una pintura realizada al óleo sobre un lienzo de grandes dimensiones, con las figuras representadas a tamaño natural. Aunque no tiene firma ni fecha, por fuentes indirectas se data en 1656. Se halla expuesta en el Museo del Prado de Madrid.
11.- José Saramago en sus palabras. Edición y colección de Fernando Gómez Aguilera. Alfaguara. Pag. Madrid 2010.
12.- Escrigramar, grafipoemar, poesimapintar, pintagramar. Debido al espacio y al tiempo, no es posible teorizar ahora, lo haremos cuando le dediquemos un ensayo a su pintura porque en ella está presente toda su personalidad, indivisible.
13.- Gramapintar, narrapoetizar, dibujapoemar, poemadibujar y finalmente gramapoetizar a base colores y metáforas Palabras que necesariamente había que inventar para una justa apreciación crítica.

domingo, abril 03, 2011

VICTOR ZAVALA CATAÑO: VEINTE AÑOS EN PRISIÓN POR SUS IDEAS


LIBERTAD PARA EL FUNDADOR DEL TEATRO CAMPESINO


Danilo Sánchez Lihón




“Hay que luchar porque en la tierra
un nuevo día amanezca”

Víctor Zavala Cataño




I. LA VISITA

A.

Hoy, 27 de marzo del año 2011, Día Mundial del Teatro, decido visitar en el penal Miguel Castro Castro, que es una de las temibles prisiones del Perú, ubicada en el extremo este, en donde termina el tablazo de Lima y comienzan los cerros inhiestos de roca, cascajo y neblina, a Víctor Zavala Cataño, un hombre de teatro, dramaturgo, actor, profesor universitario y artista legendario, quien desde hace veinte años sufre prisión continua, como preso político.

Hacerlo es como tocar una fibra honda y herida, triste y a la vez apasionada, de lo que es el Perú dulce y cruel. Es sentir en carne viva el drama y la aventura del anhelo de forjar un Perú distinto, con impaciencia y descalabro, con indignación sacrosanta de sublevarse ante tanta miseria y ante tanto miserable.

Mientras llego en el ómnibus por calles polvorientas, recuerdo la espectacular y admirada puesta en escena de su obra “El gallo”, por el director teatral Hernando Cortés, en un escenario emblemático y central como el de La Cabaña, allá por la mitad de los años 60.


B.

Víctor Zavala Cataño realizó la proeza que en el escenario antes reservado para la alta aristocracia de las letras limeñas, que tiene sus aires, sus gestos y sus bucles, que selecciona con sutil refinamiento sus temas y hasta los moños de la gente, ahora lo veamos inundado de ponchos, chullos y lampas. Y del modo de hablar, candoroso y jocundo, de la gente del ande, de peones, labriegos y cargadores de bultos también con su dejo, una homérica popular pisando firme en las tablas, antes reservadas para lo áureo, nobiliario y que supiera a blasonado.

¿Qué portento ha ocurrido para que de la noche a la mañana esto cambiara? Con obras en donde los campesinos eran inicialmente maltratados, pero pronto terminaban reivindicando sus derechos, venciendo, aporreando a sus verdugos y avizorando la aurora para un país victorioso que inauguraba un tiempo nuevo de justicia e igualdad.

Esta proeza se debía a un hombre que puso calidad en el teatro y que impuso una óptica y una propuesta ideológica distinta. Logró darle a la escena peruana de la década del 70 y 80, una fisonomía como no se había visto nunca antes: hacer que las grandes salas, los grandes actores y los grupos de teatro atildados, profesionales y galantes hicieran teatro campesino. Una hazaña y un territorio liberado sin que se hubiera disparado una sola bala ni que hubiera bajas entre muertos y heridos.


C.

Alguna vez lo vi fugazmente acompañado de Luis Figueroa en el bar El Palermo, acompañado de dos hermosas damas, de hermoso color capulí, y ojos arrobados. Hasta en eso era distinto.

Era un artista de éxito, consagrado y quien ya podía vivir de prebendas y halagos, si lo hubiera querido. Podría haberse convertido en un señorito, o en un señorón; en áulico del poder, medrando agazapado en las academias o en los mostradores de los medios de comunicación.

Tenía para eso condiciones y estampa, que no lo tienen otros que sin embargo no han tenido escrúpulos para allegarse y ser rastreros. Él prefirió otros caminos, abruptos, peligrosos y hasta mortales.

Eso sí, me conmueve el sacrificio de una obra de arte que pudo ser más amplia, contundente y transformadora para el Perú de base. Me conmueve ¡veinte años en prisión!

Me conmueve el drama de una familia: esposa, hijos, nietos, que sin duda toda su vida han visto a su padre o ubicado a su ser querido en una prisión. Me conmueve esa dimensión de leyenda que él tiene.

Me conmueve y fortalece su coherencia, su tajancia y su renuncia. Porque todo su teatro arribaba al resultado que él ahora padece y este ser consecuente emociona.


D.

Y me resulta increíble pensar que en estos tiempos haya escritores que sufren cárcel, desde hace veinte años. Creía ingenuamente que eso ocurría en épocas bárbaras, oscuras y primitivas, en que se encarcelaba a los escritores y artistas y se les hacía sufrir mil calamidades. Pensaba que eso ocurrió pero en épocas arcaicas y remotas.

Pero heme aquí ya conversando con él, en la biblioteca del pabellón 2A del penal de máxima seguridad del estado, el Miguel Castro Castro. Encuentro en él a un ser dulce, humano, cordial, claro en sus ideas, sin cortapisas ni ambages.

Encuentro en él a un ser convicto y confeso no de crímenes sino de ideas. Encuentro en él a un ser convencido, que piensa que si la vida hay que sacrificarla por las causas justas del pueblo, he ahí la inmolación. He aquí un ser cabal y un hombre íntegro.


II. LA ENTREVISTA

1.

– Víctor, ¿hace qué tiempo sufres prisión?


– Primero fue un año, de 1987 a 1988, para después volver a ingresar el año 1991 hasta ahora, que es veinte años continuos, que sumados hacen 21. Antes estuve en el penal de Yanamayo, a 3,800 metros de altitud, que es una cárcel gélida e inhumana en el departamento de Puno.

– ¿Y, cómo te sientes?

De acuerdo al diagnóstico, acerca del estado de mi salud, debería estar postrado, sin levantarme de la cama. Padezco de diverticulitis al colon, que es previo al cáncer. En su estado actual es una enfermedad feroz y agobiante, con la cual la vida se torna en una pesadilla y en un desastre, porque postra y limita. Debieran operarme, pero entiendo que el propósito es matarme, no recibiendo la atención médica debida. Y, de otro lado, padezco de los ojos; con uno puedo ver un 50 por ciento y con el otro peor, veo apenas la cuarta parte y que esta dolencia también está pendiente de operación. Sin los ojos no puedo leer ni escribir que es lo que más me apena.

– ¿Y la parte anímica, Víctor?

– Firme, sólido, invencible. Sé que la vida es un proceso que abarca nacer, crecer y morir. Eso lo entiendo. Todo es una evolución.


2.

– En estos veinte años, estando aquí preso, sintiendo la injusticia y la impotencia, ¿has llorado?


– Jamás. Yo estoy de pie, incólume. Nada me ha vencido, nada me ha doblegado. Estoy enfermo, es cierto, pero esa es la naturaleza de la vida, siendo la intención de mis captores, y de quienes quieren que yo sufra, la de matarme de ese modo, dejando que la enfermedad melle mi cuerpo. Pero mi espíritu es luchar.

– ¿Te sientes culpable de algo?

– De nada. Yo no inventé la pobreza ni la miseria de mi país. Yo las he encontré aquí arraigadas desde hace siglos. Lo que no puedo ser es insensible ni indiferente a ella. He escrito y he denunciado la explotación del hombre por el hombre y los abusos, aspirando un mundo mejor para mi pueblo. No soy un desquiciado. Lo son aquellos que piensan que la miseria es normal, que hay que convivir con ella. Que a unos les ha tocado ser pordioseros y víctimas y a otros adinerados y victimarios. Quien piensa distinto a ese modelo no es ni loco, ni extremista ni un ser delirante o desquiciado. El que se rebela contra la pobreza atroz e infame es más bien un ser moral. Mi teatro y mi arte no podían ser indiferentes a este hecho.


3.

– ¿No sientes, acaso, que has sacrificado tu vida, tu arte, tu familia, tus amigos y toda tu realización personal?


– Si debo pagar con mi vida, y con otras exigencias y abnegaciones esta protesta y posición, está bien, entonces pago esa cuota y sacrificio. Y lo dejo como herencia esta oblación a las nuevas generaciones.

– ¿Qué se te imputa?

– Crímenes que jamás he cometido. Me dieron pena como dirigente máximo. Y cuando a alguien se le coloca en ese nivel, ya no se le juzga sino que solo ya se le condena. Y simplemente se le hace cargo de todo, achacándole lo mínimo y lo mayúsculo. Por eso yo no he sido juzgado sino simplemente condenado.

– Estar en la cárcel, teniendo tanto qué hacer, es una condición que debe ser explosiva. ¿Es así?

– Jamás he lanzado un quejido ni menos me he retractado de sentir y pensar como siento y pienso, ni mucho menos me he arrepentido de nada.


4.

– ¿Qué es para ti el Perú, Víctor?


– El Perú es una propuesta a cumplir, un desafío. Es un país convulso, hermoso y formidable, que tiene que reencontrar su porvenir y su grandeza. En cualquier momento el Perú volverá a ser magnífico, en la medida en que haya organización de las masas y conciencia social en el pueblo que se desarrolle en el contexto de nuestra cultura, que es pujante y asombrosa.

– ¿Y la actual situación, que te parece?

– Esto va a cambiar. Mi visión del Perú es una visión del futuro. Hay fuerzas ocultas que anuncian grandes cambios y transformaciones. Los sucesos de Bagua y Moquegua así lo atestiguan y nos dan muestra de una nueva conciencia en sectores que antes no se hubiera imaginado que lo tuvieran, como las comunidades nativas. ¿De dónde han extraído esas lecciones? Esto va a cambiar, tiene que cambiar. Ya lo vemos que está cambiando, cuando las poblaciones salen al frente a defender sus tierras, el agua de sus acequias y sus derechos en general.


5.

¿Cómo nació tu afición por la literatura?


– En mi comunidad, libro que encontraba era libro que leía, devoraba todo. Texto que cayera en mis manos lo asimilaba. Mi hermano que ya estudiaba en Lima me envió “La madre”, de Máximo Gorki, que me fascinó tanto que lo leí varias veces, y me dio un rumbo muy claro para lo que yo quería hacer y escribir.

– Y ¿lo primero que escribiste?

– Fue una obra de teatro escolar, que era una recreación del cuento Paco Yunque de César Vallejo. Se presenta a un maestro leyendo a sus niños aquel relato, pero ahí en su clase están todos los personajes del cuento: Humberto Grieve, Paco Fariña, todos. Al final de la lectura Paco Yunque rompe a llorar inconsolable, sollozando de sentimiento, pero todos lo consuelan y lo alientan, diciéndole: ¡No llores Paco Yunque! Es una obra muy simple, pero a la vez muy enternecedora. Es como imaginar todo lo ocurrido en el Perú, que alguien nos lo cuente, vernos involucrados en ello, llorar y que alguien nos consuele. Ganó el Concurso de Teatro Escolar que organizaba el Teatro Universitario de San Marcos, que dirigía el profesor Guillermo Ugarte Chamorro.


6.

– Y ¿cuál crees que es la razón para que el teatro campesino que tú propusiste, creaste y le diste camino, haya tenido tanto impacto e influencia?


– En él se juntaban muchos factores. Por ejemplo, en aquel tiempo el teatro era un discurso hacia adentro, un alegato más bien psicológico. El teatro campesino en cambio es un discurso hacia afuera, hacia el problema social. Todo sale de adentro hacia afuera. Borramos la idea de escenario, de local y de tabladillo. Al final lo presentamos en la calle, en el suelo, en el llano; a veces en una hondonada, con los campesinos alrededor, sentados en los cerros, haciendo nosotros varias funciones al día, pero los de la primera función no se querían mover y veían la segunda y la tercera vez, causando aglomeraciones. Fue época de muchas salidas a provincias. Mi obra “La yunta”, por ejemplo se estrenó en las alturas del centro del Perú. Y nos dimos el lujo de citar mediante boletines de prensa, que publicaron los periódicos, a su estreno en Ahuac, en Huancayo. Como es lógico nadie llegó, salvo Jorge Acuña que la hora en que salíamos a actuar entró gritando: “Aquí estoy, ah” “Aquí estoy, ah” “¡Que conste que he venido desde Lima, ah!”. Tuvo que trepar la cordillera de los andes para asistir al estreno de la obra.


7.

– Marcó mucho, ¿no es cierto?


– Habían tantos grupos de teatro campesino que se creó una Federación Nacional de Teatro Popular y que era en realidad de teatro campesino. En el Festival de Teatro del año 1981 en Cerro de Pasco, de treinta grupos, 18 eran de teatro campesino, tanto que un comentarista del exterior dijo: “¿Tanto poncho y tanto chullo en el teatro peruano?”

– Ahora, ¿a qué te dedicas?

– A escribir y leer, aunque ahora seriamente limitado por este problema de los ojos, sin que pueda hacerlo como antes. He escrito mucho. Tengo obras por publicar. Tengo ahora una visión panorámica de muchos hechos y cosas.

– Y la familia, ¿bien?

– Toda mi familia está íntegra, indemne e indestructible. Y esto ocurre cuando los motivos por los cuales se sufre cárcel son de conciencia. En un preso común la familia acaba el día en que se entra a la cárcel. Lo sé porque converso con gente de otros pabellones. En un preso político, como yo, la familia permanece fiel e intachable. Por ejemplo, estando en Yanamayo, que es puna, con un frío gélido, y para llegar al cual hay que hacer un viaje de varios días, hasta ahí sin embargo iba a verme mi familia, cuando la visita duraba únicamente treinta minutos. Y era después de 15 días.


8.

– ¿Sufriste escaseces y privaciones en tu infancia?


– Yo me rebelo no por haber sufrido privaciones sino por ver sufrir a los demás. Yo soy de extracción campesina, pero de comunidad y de condición media. Mi padre tenía tierra y toros para arar los campos, lo cual otorga una posición. El único resentimiento que guardo es que nos castigaba a sus hijos como un gamonal a sus peones, hasta un día en que mi madre, que era dulce y pequeña, se le cuadró y él retrocedió. Pero cuando voy a trabajar a Huamanga, a dirigir el teatro de la universidad, salíamos todos los fines de semana a la parte rural y ahí veía cuadros desgarradores de miseria extrema. En una de esas tantas ocasiones encontramos en plena puna una covacha donde vivía un campesino con sus cuatro hijas, enfermas todas de tuberculosis. La madre había muerto escupiendo sangre y todos ellos también estaban afectados y lo hacían, tanto que parecían cadáveres. Sin embargo, porque así es el campesino, nos ofrecieron su comida. Nadie aceptó, por su puesto. Pero, yo sí. ¿Qué era? Agua con unas cebadas flotando, con una pizca de sal, su comida de todo el día. Prácticamente nada. Ni una papa, ni un maíz. Yo cogí el plato que me sirvieron y lo devoré, como un juramento, como una promesa, como una inmolación. Era como morir, ir directo al hospital o al panteón. Fue mi elección. Pero estaba con ellos, asumiendo y compartiendo su destino. Lo contrario hubiera sido limitarme a mirarlos y tenerles compasión. Ahí asumí hacerme carne y aliento de su destino, junto a ellos.

PROPUESTA

A.


En el momento de despedirnos Víctor quiere acompañarme hasta la puerta final del pabellón, y así lo hace. Me presenta a todo compañero que encuentra a su paso. Y me conmueve la deferencia y el respeto con que me trata, su cariño y su distinción. Porque, yo me digo: ¿quién soy para una persona como él, que lleva veinte años preso?

Ya afuera, siento para mí este día como decisivo y memorable. Y se me hace muy nítido que la literatura no solo son textos, sino las imágenes fascinantes y legendarias de la vida de los autores. Para apreciarlo basta sintonizar con algunos pasajes del acontecer vital de César Vallejo, José María Arguedas, Ciro Alegría, José Carlos Mariátegui, vidas de titanes y gladiadores de fábula.

Respecto a la trayectoria de Víctor Zavala Cataño la encuentro solo comparable a la vida de Guamán Poma, aquel indio lacuaz, irredento, quien nació el año en que los españoles ingresaban al Perú, perdió toda su hacienda por escribir con su sangre una denuncia, arriesgando su posición por su afán justiciero, que le deparó ser perseguido, encarcelado y finalmente olvidado. Encuentro en él la misma pasión, la misma pertinacia y el mismo delirio en cuanto a su adhesión a los desposeídos, a su proeza creativa, al sacrificio de su vida y a su aureola mítica.


B.

Solo falta una página por agregar en esta vida legendaria. Y es: que salga libre por acción de quienes desde el arte, las humanidades y el civismo, podemos solidarizarnos con la gestión, el reclamo y el compromiso que pongamos en ello.

Para que quede en la historia que el pueblo organizado pudo romperle sus cadenas, en honor al teatro que hizo o hace, a la obra grandiosa que alcanzó a realizar, no solo por la calidad inmensa que tiene como documento estético, sino por su autenticidad, su repercusión y su moral profunda. Hagamos que las generaciones nuevas y las del futuro, con las páginas que él ha escrito en su obra y en su vida, se llenen de orgullo y fortaleza.

Y que sepan que es designio de los escritores no poder callar. Que escriben, declaran, proclaman. Y en eso su vida entra en peligro y corren riesgos y padecen cárcel. Pero qué hermoso es ver la coherencia entre lo que se escribe y se paga con la vida; considerando que los escritores son francotiradores del verbo, de la palabra y de las ideas, no de balas, ni de bombas ni de morteros. No es su ejercicio ni dominio las mortíferas armas de guerra, sino aquellas que crean vida y abren nuevos horizontes como él los ha abierto.


C.

Como movimientos culturales, como intelectualidad alerta, como generación histórica sensible y consciente, breguemos porque salga a curarse, a concluir y consolidar la gran obra de teatro campesino, legado y patrimonio del Perú eterno, en el cual está agregando a la calidad estilística el ejemplo de ser consecuente, al solidarizarse con lo más dolido y sufrido del Perú.

Porque hay algo más que ser célebres y es ser hombres de conciencia; hay algo más que los éxitos y son los principios; y hay algo más que la calidad literaria y es ser coherentes con una realidad dramática como es el Perú. Y todo esto es pedagógico, educativo y formativo de conciencia social.

Quedará en las páginas indelebles del Perú que el autor del teatro campesino sea liberado. Y, a la inversa, quedará como un baldón y un bochorno que él fenezca y no hicimos nada por defenderlo. Porque de lo que sí estoy seguro es que él quedará como una página proverbial, como el paradigma de un escritor encarcelado por sus ideas. Y que todo esto lo sufrió por ser fiel al pueblo, a aquel Perú pendiente por redimir, el de los pobres y desposeídos, siendo su coherencia un valor nacional que la sociedad del futuro lo sabrá reconocer.


D.

Él ya hizo su parte, ahora corresponde que nosotros hagamos la nuestra, reclamar que él salga libre a curar sus enfermedades, porque esa es una razón mínima de Derechos Humanos que nos corresponde por ser inherentes a la especie humana.

Que salga libre y culmine su proyecto creativo y que el teatro campesino tenga su corolario, como la mejor épica teatral del Perú de la segunda mitad del siglo XX, que se sustenta además en las legítimas aspiraciones de ser un país más justo.

Seamos y hagámonos grandes en esta página de la historia, en razón del glorioso teatro campesino que él delineara y dejara como una realización para el Perú y América, ya que dicha expresión se forjó aquí, irradió aquí y gracias a un hombre proveniente de una comunidad campesina, la de Huamantanga.

En razón de todo ello, solicitemos el indulto para Víctor Zavala Cataño, pidámoslo en razón del centenario de José María Arguedas.

Hagamos en tal sentido una movilización, dada la situación delicada de salud en que se encuentra, para que la historia sea compasiva no con él sino con nosotros. Y que en la Tierra y en el Perú, como él lo expresara: “un nuevo día amanezca”.

viernes, abril 01, 2011

Volver a estudiar: el reto de la Nueva Ortografía


“Escribir como se pronuncia; un signo para cada sonido y un sonido para cada signo”, lema de Quintiliano, es el “gran avance parcial” de esta Ortografía, según Pedro Luis Barcia, presidente de la AAL. Hubo polémica por algunos cambios.

Habrá que volver a estudiar


Por Silvina Friera


Un tema aparentemente “de-sabrido” como la ortografía generó un revuelo para alquilar balcones cuando, el año pasado, en la Feria del Libro de Guadalajara, se anticiparon algunas propuestas de cambio que por entonces estaban en remojo. Hubo palomas proclives a asumir la elasticidad, pero también muchos halcones que pusieron el grito en el cielo por un puñado de reformas anunciadas sin consensuar, decodificadas como un atentado a la costumbre: que la “b” se la llame “be” a secas, que la vieja y endemoniada “v” corta sea bautizada como “uve” y que la “y” griega pase a cuarteles de invierno ante la más económica “ye”. Tal vez menores resquemores suscitó la supresión de la “ch” y la “ll”, que redujo el alfabeto a 27 letras. Hacía treinta años que estaba acordado que che y elle no son letras, sino dígrafos, que significa dos letras para un solo sonido. Si la oralidad fluye sin mayores controles –verba volant–, la escritura fija –scripta manent– cambia con sangre, sudor y alguna que otra lágrima.

La ortografía, compañera inseparable de la escritura y la lectura, es la piedra en el zapato de unos cuantos hispanohablantes. Cuando las reglas del juego de la lengua escrita se modifican, cunde la reacción. La esperada nueva edición de la Ortografía de la lengua española (publicada por Espasa Calpe), “el tratado más completo y logrado de su especie en las lenguas modernas”, se ha presentado en sociedad en la Academia Argentina de Letras (AAL). Pedro Luis Barcia, presidente de la AAL, dice que la vocación del tratado en cuestión es “la simplificación y la unidad, nunca logradas del todo por hábitos de países y regiones que obligan a la opcionalidad, que es el cáncer de una ortografía simplificada”. Un ejemplo de esa reticencia, agrega Barcia, es México, que alinea 120 millones de hablantes, “caudal que corresponde a tres o cuatro naciones hispanoamericanas juntas”.

“Escribir como se pronuncia; un signo para cada sonido y un sonido para cada signo”, lema de Quintiliano, es el “gran avance parcial” de esta Ortografía..., según plantea Barcia a Página/12. El libro no es una revisión o reedición; es una obra nueva –recién salida del horno de la Asociación de las Academias de la Lengua–, la más completa en su especie en lengua moderna, panhispánica, razonada y normativa, que revisa, actualiza, simplifica y avanza en la unificación. Sin embargo, la “h” muda continúa al pie del cañón, aunque algunos, por silenciosa y tímida, se la olviden. Entre los cambios más relevantes la “b” ahora es simplemente “be”; la “v corta” es “uve” para todos; la doble w habrá que acostumbrarse a llamarla “doble u”; a la “y” griega (ahora “ye”) y la “i” latina se las nombrará a secas, sin alusiones gentilicias. Las tildes, terror de muchos pibes, se eliminaron en el “solo” adverbial, en pronombres demostrativos como “este” y “esta” y en monosílabos con diptongo, “guion” y “truhan”. Entre las novedades, el prefijo “ex” se escribirá unido a la base léxica, por ejemplo “exmujer”. Además se modificó el uso de “q” a partir de la castellanización de algunas palabras: “quórum” deberá escribirse “cuórum”, y “Qatar” –el emirato árabe– será “Catar”. Basta con tipear la flamante nomenclatura del Estado árabe y del término jurídico que alude al número requerido de asistentes para iniciar una sesión para comprobar que en Wikipedia ya figuran ambos con “c”.

Barcia recuerda que la Real Academia Española (RAE) no usa el acento en “solo” en sus obras publicadas desde 1960. “Un miembro de la RAE critica como ‘novedad’ la supresión, medio siglo después”, ironiza el presidente de la AAL. Los distraídos –se sabe– abundan. Pero hay también motivos más arraigados que la mera distracción. Viene a cuento una sentencia de Nebrija, pionero en la redacción de una gramática (1492) y un diccionario (1495): “En aquello que es como ley consentida por todos es cosa dura hacer novedad”. Una genealogía a vuelo de pájaro podría encontrar el germen más inmediato del protagonismo de la representación de la escritura en el pedido de Gabriel García Márquez, vaya coincidencia también en México (Zacatecas), de jubilar la ortografía y “quitar la hache rupestre”. A partir de esta declaración, ese “patito feo” llamado ortografía comenzó a instalarse en la agenda de los medios de comunicación.

–¿Qué análisis puede hacer después del revuelo armado cuando se anunciaron algunos cambios que se estaban evaluando para la edición de esta Ortografía...?

–Todo revuelo es productivo para atraer la atención sobre el objeto de la discusión. Se puso sobre el tapete un tema tan aparentemente desabrido como la ortografía. Pero se advirtió de qué manera la reacción de los usuarios es fuerte cuando se le quieren cambiar las reglas que aprendieron con sudor y lágrimas. En rigor, la disputa fue previa a Guadalajara, cuando, en una conferencia de prensa en España, no quedó bien esclarecido que los cambios estaban propuestos y no aceptados y que sería en Guadalajara la votación final.

–En la presentación de la Ortografía... se afirma que cualquier obra académica se realiza bajo el signo de la “renovación y de la perfección”. ¿Por qué cuesta, entonces, renovar la ortografía? Da la impresión de que con otros diccionarios no hubo tanta polémica.

–De los tres códigos básicos de la lengua –sintáctico, léxico y ortográfico–, el último es el que exige mayor universalidad en los usos. La ortografía expone al usuario de manera más directa y brutal en su escrito que la sintaxis o el léxico. La mala ortografía es un factor de descalificación social. Por ella se pierden empleos. Tanto se machaca en el doloroso aprendizaje de la ortografía correcta en la enseñanza que la idea de cambiar algo en ella irrita, una vez aprendida.

–Nunca antes la ortografía estuvo en la agenda de los medios como el año pasado. ¿Cómo explicar las reacciones que se generaron ante los cambios?

–Los hábitos afirmados en la escritura propia son difíciles de erradicar. Hubo reacciones inútiles, como la relativa a los nombres de las letras, porque se dio una sabia solución: buscar la unidad en la denominación en el futuro (uve, ye), como tarea que comenzará desde el nivel inicial; y entretanto sigamos con las denominaciones que nos eran habituales (ve corta, y griega). Hubo reacciones infundadas. El nombre de “y griega” es un desajuste porque se basa en la forma y no en el sonido de la ípsilon griega; y no hay más. Un académico como Javier Marías se sobresaltó por la supresión de la tilde en los pronombres demostrativos, olvidándose de que están suprimidos en las obras de la RAE desde 1960.

–¿Qué sucederá con maestros y docentes? ¿Hay previsto algún plan para bajar esta Ortografía... a las aulas?

–La Academia y la editorial (Planeta) han conversado sobre la posibilidad de armar un cursillo con la exposición de los cambios, novedades y aportes de la Ortografía... El proceso de incorporación de los nuevos contenidos será lento...