Las historias de amor siempre tienen un público cautivo de todas las edades. Todavía recordamos Love story de Erich Segal (llevada a la pantalla grande con gran éxito de taquilla) que significó derramar muchas lágrimas al término de leer o ver la obra. Son gratas, románticas, sencillas, y algunas dramáticas como María de Jorge Isaacs o Teresa Raquín de Émile Zola, donde los protagonistas encadenan al lector a sus propios sufrimientos: María deja a Efraín con el alma desesperada tras su partida. Teresa, vislumbra, en complicidad con su amante, la forma de dar fin a su esposo; al final se ven envueltos en sus propios torbellinos, sin salida, atormentados por su conciencia.
Sin embargo, son pocas las novelas juveniles que abordan de manera dramática las relaciones de amor, tal vez Marianela de Benito Pérez Galdós sea la excepción porque Pablo, el joven ciego a quien la muchacha sirve de lazarillo, se enfrenta a una realidad que no esperaba dada su propia condición.
En la nueva narrativa amazónica no podía faltar el tratamiento del tema romántico visto desde ópticas diferentes. En muchos de los trabajos que he tenido la suerte de leer pude comprobar la existencia del amor en sus diversas facetas; así tenemos el cuento "El mejorero" de Elí Caruzo, imágenes que se van desencadenando hasta dejarnos desarmados, porque el autor juega con el lector en cada una de sus historias. Libélulas rumorosas de la noche de Welmer Cárdenas, desde una perspectiva diferente, nos habla de amores imposibles, románticos, ausentes y trágicos.
Melissa Mendieta se une a este grupo de narradores amazónicos que tratan historias de amor contándonos en su primer libro Raquel y Alexander (chataro editores, 2014), de una manera sencilla, una historia cotidiana, coloquial, amena y divertida, el sufrimiento de Raquel y Alexander por entrelazar sus vidas sentimentales.
Dos jóvenes de clase media alta se ven envueltos en sus propios mundos con sus preocupaciones que no atañen a los adultos y que solo esperan ser comprendidos. Dividida en dos partes y contada en forma paralela por los protagonistas, desde el momento de la llegada de Raquel a un colegio de Iquitos, conocer a Elisa, a los amigos y tratar de adaptarse al nuevo colegio, son los principales ingredientes que se dan en el libro.
A eso se unen los elementos modernos tanto en el vocabulario (amix, whatsapp, T xtraño muxo, shoping, etc) como el empleo de BB (celulares de última generación), definiéndola como una novela destinada a un público juvenil.
Sin embargo, a pesar de las situaciones comunes que se dan en toda la historia, no deja de cautivarnos el sufrimiento de Raquel en su intento por acercarse al guapo de Alexander. Tal vez el mejor momento sea cuando se da la situación del traslado de Raquel hacia otro colegio y otro barrio. Es ahí donde empieza el verdadero drama juvenil, la angustia de los protagonistas, el no saber hacia qué enfrentarse y cómo vislumbrar la relación entre Raquel y Alexander.
La autora ha querido dejarnos con la miel en los labios, para dejarnos preguntando ¿y ahora, qué sigue?

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