Carlos Enrique Saldivar
Julián Rodríguez Cosme es un notable narrador y poeta que
ya había sorprendido a propios y extraños con un libro excelente, El temerario, volumen con relatos
perfectos que lo introdujo en el mundo literario. Los argumentos iban desde lo
fantástico hasta el realismo con matices amorosos, o la violencia política. Luego
vino un más que apreciable poemario titulado: El paisaje de tu cuerpo, donde el amor a la pareja y a la familia
eran los temas fundamentales.
Después pudimos gozar de esa excelente novela
suya, Tragedia en los Andes, que contenía
todo tipo de elementos: lo amoroso, la violencia, la realidad social, el mito del
OVNI, el hecho histórico. Nunca dejaré de ensalzar las virtudes de dicha
novela. Rodríguez Cosme no se detiene, sigue escribiendo y publicando, lo nuevo
que nos trae es este efectivo libro de crónicas, anécdotas, algún cuento, como
el que da título al libro y que resulta fabuloso tanto en forma como en
contenido, una ficción de misterio con elementos fantásticos, ojalá el autor
hubiese colocado más relatos en el volumen, el lector se queda con las ganas de
más.
Lo cierto es que Rosas y pistolas
(el cuento) puede apreciarse como un certero ejercicio de autoficción pues, si
lo comparamos con el resto de textos, el lector percibe que lo ocurrido no es
real. Me hace recordar a los dos primeros relatos de El temerario, en los cuales el personaje principal se llamaba «Julián»,
como el autor, o la narración final de aquel cuaderno, El epitafio, en donde se deduce que el narrador en primera persona
era un alter ego del escritor.
Lo cierto es que Rosas y pistolas (el libro) en su conjunto no es autoficción, casi
todos los textos son ejercicios vitales, es decir, son anécdotas hábilmente
narradas, crónicas personales que nos dan a conocer el mundo interior del
autor, nos brindan rasgos de «Julián Rodríguez», como escritor, como artista,
como ser humano. Los temas son variados, van desde el asunto literario, hasta
el tema musical, lo romántico, lo vivencial, los deseos escondidos, las
reflexiones, todo con un excelente lenguaje y con un estilo que conecta
fácilmente con el receptor.
Destaco del conjunto, El escritor y sus fantasmas, donde el autor analiza algunas verdades
sobre el tema escritural, los novelistas cuentan mentiras disfrazadas de
verdades, los escritores deben ser lectores compulsivos, todo cierto. Como
mencioné, el lector puede resentirse ante la brevedad de tan inspiradoras
historias. Otra crónica que considero excelente es Los libros que perdí, sencilla, evocadora, muy personal, resulta
descollante como tanta suavidad puede llevarnos a una intensa reflexión acerca
del libro como objeto físico, a analizar la realidad de las librerías y el
costo elevado de los volúmenes, a meditar acerca de lo lejana que puede estar la
cultura de la clase pobre.
También hay una intensa aventura romántica que
enternece, Mi chica del facebook, la
recomiendo mucho. Podría resultar un tanto excesivo el tema religioso
mencionado, por ejemplo, en Ladrón de
amor, pero los que conocemos al autor sabemos que esto tiene una razón, que
esta religiosidad, humildad, espiritualidad devienen de hechos personales muy
ligados a su salud, la cual se espera mejore en los años venideros ya que
muchos esperamos nuevas creaciones salidas de la pluma de este buen amigo y artista.
De momento tenemos a Rosas y pistolas,
un solvente conjunto, una lección de vida, fragmentos del alma y mente de un
creador novedoso.
Rodríguez, Julián. Rosas y pistolas. Lima: Editorial Pasacalle, 2011. 57 pp.

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