
Alejandro Medina Bustinza (Apurunku) / Aymaraes
La formación intelectual y espiritual de JMA reside en su vivencia directa en el mundo andino, para luego convertirse en escritor, investigador y difusor de la cultura popular peruana. Es decir, el contexto socio biológico cultural donde vivió su niñez y parte de su adolescencia, fueron los edificadores de su espíritu y le dieron los materiales básicos de su visión andina, para transmitirlos después en sus obras en general.
Arguedas, es sino la voz de un peruano auténtico que se sentía orgulloso de su pueblo, de su gente, sabía de la enorme riqueza cultural que poseía nuestro país. Historias llenas de magias, mitos, leyendas extraordinarias, relatos populares, costumbres de hacer la vida colectiva en la práctica y conciencia de sus habitantes. Es decir, estaba convencido del enorme valor de su procedencia andina.
Especialmente en su literatura estuvo siempre cerca a los campesinos y obreros, también se expresó oportuna y solidariamente con los pueblos de Vietnam y Cuba, en el momento y cuando tenía que hacerlo. No era un combatiente político declarado, tampoco pertenecía a un partido político socialista. Menos de la derecha. Eso no significaba que no haya tenido inclinaciones e informaciones de lecturas de enfoques socialistas. Según sus propias declaraciones, Arguedas había encontrado en la teoría socialista un sentido del por qué de las cosas. Esto significó en su orientación y destino de escritor de un pueblo profundamente rico en su pluriculturalidad como los tiene nuestro país.
“Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encausarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico. No pretendí jamás ser un político, ni me creí con aptitudes para practicar la disciplina de un partido, pero fue la ideología socialista y el estar cerca de los movimientos socialistas lo que dio dirección y permanencia, un claro destino a la energía que sentí desencadenarse durante la juventud…” (“No soy un aculturado” discurso al recibir el premio Inca Garcilaso de la Vega).
César Lévano publicó un libro (18-12-1969) “Arguedas, un sentimiento trágico de la vida”, donde afirma lo que hoy conocemos de su ideología y participación en la vida política no partidarizada. Dice Lévano, Arguedas no era un político partidarizado, era sobre todo un artista. Un hombre sensible, donde a través de él se manifestaba el goce y sufrimiento, la voz y los códigos culturales de un pueblo que él consideraba ignorados y de no ser nunca escuchados.
Es por eso, JMA es la expresión auténtica y moderna del mundo andino, no sólo por sus trabajos literarios, también como investigador, antropólogo, lingüista, etnólogo y profundo estudioso del folklor peruano.
Por los años 1930 Arguedas empezaría a leer a los escritores de la corriente indigenista, y encuentra en ellos planteamientos y representación de sus personajes totalmente tergiversados. No eran como él los conocía. Estas falsedades llegaron a indignarle que después fueran también predominantes para que Arguedas tomara su decisión de escribir y convertirse en escritor y defensor de la cultura andina.
Creemos entonces, para JMA el reto se había hecho desde aquel momento, su firmeza en transmitir y mostrar las vivencias, la magia, el misticismo y la concepción cosmogónica del hombre andino, y lo hizo a través de la literatura, y sus trabajos de investigación. Tuvo una dura batalla con las palabras del castellano y quechua .Para eso, creó un estilo propio de cómo introducir la oralidad quechua al castellano escrito, resolviendo las mixturas lingüísticas de ambas lenguas como hablante bilingüe. Utilizó al castellano como medio literario, agregando a éste, su capacidad creativa y artística con elementos del mundo quechua obteniendo la fusión de las dos culturas, pero con la predominancia del quechua. De esta manera JMA, introduce y enriquece la literatura con la trasmisión de los siguientes logros, como así también sostiene el estudioso Néstor Tenorio:
a).-Logra transmitir la cultura andina utilizando el idioma occidental, de manera maravillosa y artística haciendo hablar y sentir en castellano a los que hablan y sienten en quechua.
b).-Logra formar el instrumento indicado para hacer alcanzar la ficción y cosmovisión andina a la categoría de la Literatura moderna, y fantástica.
c).-Como investigador y estudioso, hace un llamado y plantea la integración de las dos culturas, incluso va más allá de eso, proyecta la unión de las diversidades étnicas del Perú profundo con la occidental, hacia la integración de todas las sangres. Para eso, alcanza a recrearnos con su mundo de arriba, sus raíces socio culturales y lingüísticos, pueblos que se caracterizan por el manejo de la oralidad y práctica comunitaria colectivista. Arguedas busca una literatura escrita integradora moderna y mestiza.
d).-En sus escritos, no sólo nos describe a un país con una realidad desintegrada, con idiomas perseguidos, menospreciados, lleno de genocidios y etnocidios, sino fundamentalmente nos habla desde adentro, de un mundo que sólo él conoce y sabe de los pormenores socio cultural y cosmogónico de la visión del hombre andino. De sus milenarias tradiciones, haciéndonos sentir y hablar como quechuas y mestizos a quienes hablamos y sentimos en castellano; y viceversa.
Suicidio y orfandad (acción de quitarse la vida en forma voluntaria, premeditada. Darse la muerte uno mismo).
Sobre este punto, habrá quienes se muestren extrañados de su situación de suicida de JMA, y que por nada es aceptable como ejemplo, más aún, viniendo de un personaje como Arguedas. Sin embargo habría que ver y analizar qué tipo de suicida ha sido Arguedas.
No olvidemos, Arguedas en varias oportunidades tuvo intentos de quitarse la vida que han prevalecido como expresión de deseos suicidas dentro de su comportamiento depresivo mayor, adquirido desde su niñez de orfandad y huérfano de madre. En sus últimos días, ciertos factores de su dolencia psíquica depresiva, aumentaron a fustigar su alma delicada, para ejecutar el suicidio tantas veces frustrados. Veamos algunos párrafos de sus cartas que quedaron como testimonios:
“Yo estoy sumamente preocupado con mi pobre salud. (...) He vuelto fatigadísimo, sin poder dormir y angustiado. Tengo que ir a donde el médico nuevamente; aunque estos caballeros nunca llegan a entender bien lo que uno sufre ni las causas. Lo malo es que esto me viene desde mi infancia” (carta a John Murra, 28 de abril de 1961).
“En abril de 1966, hace ya algo más de dos años, intenté suicidarme. En mayo de 1944 hizo crisis una dolencia psíquica contraída en la infancia y estuve casi cinco años neutralizado para escribir. (...) Y ahora estoy otra vez a las puertas del suicidio. Porque, nuevamente, me siento incapaz de luchar bien, de trabajar bien. Y no deseo, como en abril del 66, convertirme en un enfermo inepto, en un testigo lamentable de los acontecimientos...” (…) “Hoy tengo miedo, no a la muerte misma sino a la manera de encontrarla. El revólver es seguro y rápido, pero no es fácil conseguirlo. Me resulta inaceptable el doloroso veneno que usan los pobres en Lima para suicidarse; no me acuerdo del nombre de ese insecticida en este momento. Soy cobarde para el dolor físico y seguramente para sentir la muerte. Las píldoras –que me dijeron que mataban con toda seguridad– producen una muerte macanuda cuando matan. Y si no, causan lo que yo tengo, en gentes como yo, una pegazón de la muerte en un cuerpo aún fornido. Y ésta es una sensación indescriptible: se pelean en uno, sensualmente, poéticamente, el anhelo de vivir y el de morir. Porque quien está como yo, mejor es que muera” (Primer diario, 10 de mayo de 1969).
En su última carta dirigida al Rector de la Universidad de la Molina y a los estudiantes, casi despidiéndose, Arguedas había disidido retirarse de sus labores académicas, pero más que nada lo haría a causa del debilitamiento de su estado anímico en que se hallaba. Afirmaba en esta carta que retirarse a casa era peor que la muerte. También aclara que siempre estuvo atento a los acontecimientos de su pueblo peruano. Veamos otros factores que enternecieron en aquel momento al delicado doliente espíritu de Arguedas, para que tomara la decisión de suicidarse:
1.-De ya no poseer fuerzas para seguir escribiendo. Se sentía agotado con falto de ánimo desde varios años atrás.
2.-Su condena a la nueva ley y crisis universitaria, que consideró injusto y anti estudiantil.
3.-Su indignación ante la pasividad y desinterés de las autoridades universitarias y algunos profesores por el atropello y violencia contra los estudiantes. (Nueva ley universitaria)
4.-Su estado físico y espiritual estaba agotado, debido a su fuerte depresión adquirida desde sus primeros años de vida. El recuerdo de sufrimiento que tuvo al lado de su madrasta, (Sra. Grimanesa) y las humillaciones de su hermanastro (Pablo Pacheco) le conllevaron al deseo de muerte en varias oportunidades.
5.-La soledad en que se hallaba acaso por el hecho terrible de no tener hijos. (Dicen algunos).
6.- La indiferencia de algunos intelectuales, la crítica oficial ante su posición de un hombre que amaba demasiado a su pueblo, que sólo pedía el reconocimiento y valoración de las tradiciones culturales del mundo andino, como parte integrante de la cultura peruana.
7.-Su estancia en la costa fue dura, siendo muchas veces marginado por su condición de procedencia serrana. Mucho más cuando falleció su padre en 1932.
Arguedas coexistió entre dos mundos, dentro de un proceso que ha sido llamado transculturación, y eso a veces le resultaba frustrante cuando le hacían sentir en el lugar de intermedio. No se sentía integrado en el mundo de los blancos, pero tampoco era rencoroso. Se daba cuenta que ya no se veía constituido en el mundo andino al que quería siempre pertenecer plenamente.
Claro que sí, también hubo otros factores determinantes para que Arguedas decidiera suicidarse. Porque en un país como en el nuestro, un escritor es algo más que un testigo y recreador. Es más bien un innato creador, un representante de las expectativas sociales y estéticas culturales. Un maravilloso mensajero de las esperanzas de un pueblo. Arguedas así lo había asumido su responsabilidad de escritor, decidido a defender y volcar a las conciencias lectoras el valor de una cultura quechua que había sido negado y postergado al desprecio social, político, económico y cultural de un país criollo y mezquino.
César Lévano dice también que Arguedas antes de su muerte estaba demasiado solo. Le dolía la indiferencia de algunos de sus amigos, de los halagadores hipócritas del oficialismo que siempre lo habían criticado y dejado solitario. Arguedas en sus últimos años se había visto más rodeado de intelectuales y no de campesinos y obreros.
A esto se agregaba las murmuraciones maliciosas, la falta de solidaridad, el egoísmo, intrigas, el rencor que le tenían a causa de su posición de buscar la integración de todas las culturas a partir del reconocimiento y valoración de los pueblos arrinconados.
Finalmente creemos, el acto de suicidio y los procesos creativos de los artistas no es una relación que les caracterizan de manera especial. José María Arguedas en la literatura no es el único escritor que recorrió al suicidio. Hubo muchos otros. No sólo en la literatura sino también de otros oficios, veamos:
Sergio Essenin, poeta joven ruso en 1925 se ahorcó en un hotel de Leningrado. Este poeta campesino había llegado a la ciudad con su vestimenta de hombre del campo, deslumbrando a la nobleza y a la intelectualidad pre-revolucionaria. Luego habría sufrido mucho en sus últimos tiempos por la desaparición de su vieja aldea, su industrialización; junto al afecto a la revolución socialista. Su alma se había convertido en una tristeza irreparable, a esto se agregaba las penas de amor, su idilio por la danzarina Izadora Duncan. En su último momento Sergio Essenin se cortó las venas y escribió con su sangre 2 cuartetos:
“Adiós, amiga mía, sin manos ni palabras/ sin tristeza, sin sombras en la cejas/ en esta vida el morir no es cosa nueva/ pero vivir tampoco es cosa nueva…”
Vladimir Maiakovsky, inmenso poeta ruso, criticó a este acto de Essenin en un poema, diciendo: “Mejor es morir de Vodka/ que de aburrimiento/… En esta vida/ morir/ no es tan difícil/ hacer la vida/ lo es ciertamente más…”
Siete años después, a las 10 de la mañana del 14 de abril de 1930, Maiakovsky pone fin a su vida en su estudio del pasaje Lubianski, utilizando un pequeño revólver, desgarrado por problemas de amor, acosado por sus enemigos escritores proletarios, dirigidos por intelectuales pequeños burgueses, quienes le hostilizaron y le acusaron de ser individualista. Algunas críticas duras al final de su vida le llevaron a una profunda depresión al poeta. Una tarde se ve rodeado por una turba de jóvenes universitarios. Le increpan y le acusan de ser incomprensible. Él les responde: “Cuando haya muerto me leeréis con lágrimas en los ojos…”
Ernesto Hemingway se quitó la vida porque también se sentía impotente de no poder seguir escribiendo. Conocido como el último de los autores neo humanistas dentro de la Literatura Universal, impuso un estilo directo, duro y cínico. Junto a la certeza de la muerte, halla también la convicción de la existencia de la solidaridad humana. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1954, por su aclamada obra “El viejo y el mar”. Se suicidó el 2 de julio de 1961, en Ketchum, con un tiro de escopeta, luego de sufrir varias crisis depresivas. Sus obras: “El viejo y el mar”, “Adiós a las armas”, “Por quién doblan las campanas”, “Fiesta” etc.
Alfonsina Storni (29 de mayo de 1892 - 25 de octubre de 1938), no conocía la paz de la pasión. Nacida en Suiza, naturalizada en Argentina, donde vivían sus padres. Fue actriz ambulante a los 13 años, maestra rural y empleada del comercio. Escribió poesía, lamentándose haber nacido mujer, estaba dolida contra los varones, se sentía torturada. Luego en su poesía es dura, intelectual, se siente cansada y empieza angustiarse con el mar y el suicidio. Al sentirse enferma, incurable, se arroja al Mar del Plata poniendo fin a una vida de objeciones contradictorias y desconsuelos.
Leopoldo Lugones, gran poeta argentino nacido en un pueblo de Córdoba, en 1874. Apareció muerto por envenenamiento en una habitación de un recreo del Tigre, llamado El Tropezón, un 19 de febrero de 1938, Borges sostiene que se mató por un amor imposible, se dice que tenía una relación con una joven estudiante. En su mesa, como imagen espartana de su vida, había una botella de whisky a medio consumir, un vaso de agua intacto, una carta y un artículo inconcluso. La carta no decía nada sobre los motivos de su muerte. Sólo alertaba que el difunto era dueño de sus actos. Fuera de eso, pedía que lo enterraran sin cajón y sin lápida. Curiosamente, la carta póstuma empezaba así: “No puedo terminar el libro sobre Roca. Basta…”
José Asunción Silva (1865-1896), poeta colombiano de corta obra, escribe Nocturnos, fragmentos. Parte de sus escritos pierde en un naufragio de los cuales no habían sido aún publicados. Este hecho y la muerte de su hermana Elvira, quien se cree que fue su gran amor, le trastocaron profundamente y se vio empujado al suicidio. Un día antes de suicidarse de un disparo, le pide a su médico, el doctor Manrique, que le dibuje sobre la piel el lugar exacto que ocupa el corazón.
Horacio Quiroga, (1878-1937) escritor uruguayo, a tierna edad es testigo de cómo su padre se quita la vida disparándose en la cabeza con una escopeta. Su madre vuelve a casarse y después de cinco años de matrimonio, el padrastro se suicida con idéntico método al que había usado su padre biológico. Con el tiempo, el joven Quiroga se hace profesor de castellano, se casa con una alumna, que en 1915 se suicida bebiendo un líquido para revelar fotografías. Mantiene un breve idilio y una larga amistad con Alfonsina Storni (quien se suicidaría 20 años después arrojándose al mar). Un amigo le consigue el puesto de cónsul de Uruguay en la capital porteña, y lo pierde después de que el mismo amigo se suicidase. Un año y un día antes de que se quite la vida su gran amigo Leopoldo Lugones (con arsénico), Quiroga ingiere una dosis letal de cianuro. Poco más tarde se suicidaría su hija mayor, Eglé y a su único hijo varón, Darío, le tocó el turno en 1951.
Stefan Zweig (1881-1942), poeta austriaco, vio hundirse la paz en Europa por la ferocidad del nazismo. Él era hijo de un banquero judío, engreído por el amor y la fortuna. No pudo soportar la ferocidad del inicio de la guerra.
Attila József (1905-1937), poeta húngaro, atormentado y revolucionario no destacó en vida por su suerte o habilidad con los suicidios. El primer intento de acabar con su vida fue ingiriendo cincuenta aspirinas, que aparte de espantosos dolores de estómago no le causaron gran daño. La siguiente vez, tragó un veneno que resultó inocuo. La tercera, se tumbó en las vías de un tren, pero fracasó porque el tren había atropellado a otro suicida antes y se había detenido. Ya por fin en su cuarto intento consiguió poner fin a su vida dejándose arrollar por un tren, que esta vez no paró.
La lista de escritores y poetas que han cometido suicidio en diferentes épocas y lugares, y de las más diversas maneras, es bien larga: Virginia Woolf, Cesare Pavese, Jack London, Sandor Marai Jack London, Yukio Mishima, Jacques Rigaut, Anne Sexton, etc. etc. Se dicen que todos ellos eran demasiado sensibles. Pero también fueron sensibles: Dante, Shakespeare, Goethe, Tolstoi, Puskin Y Baudelaire. Brecht, Nazín Hikmet, Vallejo, Bach, Beethoven, Chopin, Tchaikovski, etc. y no se suicidaron.
Finalmente creemos, el acto de suicidio y los procesos creativos de los artistas no es una relación que les caracterizan de manera especial. Lo que sí hemos encontrado el asunto común que ha caracterizado a varios escritores que se han suicidado, es la imposibilidad en que se vieron, de no poder seguir escribiendo, no sólo con la calidad requerida sino también con la constancia. ¿Tal vez la escritura para ellos fue una llave de escape? En el caso de nuestro José María Arguedas, hubo varios factores, quienes determinaron el final de su dolencia personal.
José María Arguedas fue un intelectual que sentía el Perú en quechua y castellano. Amaba a los sonidos de las tinyas, del charango enamorador, y de las caídas del riachuelo mojando los llanos pastizales. Gozaba con las fiestas del agua, con el vuelo de la calandria y del picaflor sorbiendo las energías del sol. Sus obras nos ayudan a conocer nuestro país y a reconocernos en sus personajes de sus trabajos literarios: hombres y mujeres que amamos y odiamos. Que edificamos con nuestras propias manos la historia. Nuestra historia, nuestro destino, nuestras vidas. Por ahora, eso es todo…
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Alejandro Medina Bustinza (Apurunku). Aymaraes-Apurímac. Poeta, narrador y docente. Estudios superiores en el Cusco y Huacho. Postgrado en la Cantuta “Didáctica de la comunicación”. Miembro y vicepresidente del Gremio de Escritores del Perú. Labora en el Callao como docente. Libros publicados: “El despertar de los míos”. poesía 1988. “Apu Runco”, poesía y narrativa 1991. “Conversaciones desde Tiaparo”, epístolas y cuentos 1994. “Despojados” y “6 poetas peruanos” coautor, poesía de AEDOSMIL 2001. “Ojos tocuyo” poesía 2004. “Brevísima antología personal” poesía 2006. “Se prohíbe estar triste” (algunas técnicas pedagógicas para crear y escribir poesía) 2008. “Camino a Mucayu y otros cuentos” cuentos 2008. “El vuelo de la palabra” entrevista y algunas aclaraciones acerca de la lectura 2009. “Kochito, el laceador de Canín” relato, 2011.
Correo: apurunco@hotmail.com
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