lunes, octubre 03, 2011

La fuga imposible


(En la foto, Braulio Muñoz)

Sujeto Migrante y dinámicas identitarias en
The Peruvian Notebooks de Braulio Muñoz

Rodja Bernardoni / (CISAI-Università di Siena)

Una de las cuestiones más concurridas por la crítica contemporánea ―y de forma especial por la crítica latino-americana― es la definición de la naturaleza del migrante, de sus discursos y de sus representaciones (García Canclini, 1990; Cornejo Polar, 1996-1998). En este ámbito, unas de las propuestas teóricas más destacadas e importantes es, sin lugar a dudas, la que desarolló el crítico peruano Antonio Cornejo Polar. Me refiero aquí a la creación de dos conceptos claves para la interpretación de la realidad de la migración y de sus dinámicas: el de sujeto migrante y el de discurso migrante. Dos categorías que el renombrado crítico elaboró en sus últimos ensayos a partir de la idea del sujeto colonial (Cornejo Polar 2003); y que se han vuelto, con el tiempo, instrumentos hermenéuticos fundamentales para emprender el estudio y el análisis de “amplios e importantes segmentos de la literatura latinoamericana —entendida en el más amplio de sus sentidos — especialmente los que están definidos por su radical heterogeneidad (Cornejo Polar 1996; p. 843)”.

Como ya decíamos, como evolución de la idea de sujeto colonial, sujeto y discurso migrantes representan el logrado intento de demonstrar cómo los procesos de transculturalización, de los que se origina buena parte del corpus literario latino-américano, se arraigan en realidad en un substrato discursivo profundamente heterogéneo y conflictivo. Para Antonio Cornejo Polar el discurso migrante —y de consecuencia la subjetividad que lo produce— se caracteriza por ser extremadamente inestable, escurridizo y:

[…] radicalmente descentrado, en cuanto se construye alrededor de ejes varios y asimétricos, de alguna manera incompatibles y contradictorios de un modo no dialéctico. Acoje no menos de dos experiencias de vida que la migración, contra lo que se supone en el uso de la categoría de mestizaje, y en cierto sentido en el del concepto de transculturación, no intenta sintetizar en un espacio de resolución armónica; imagino —al contrario— que el allá y el aquí, que son también el ayer y el hoy, refuerzan su aptitud enunciativa y pueden tramar narrativas bifrontes y ―hasta si se quiere, exagerando las cosas― esquizofrénicas (Cornejo Polar 1996; p. 840).


En este modelo teórico, a las visiones idealizadas del mestizaje y de la hibridación, considerados como procesos propedéuticos a la creación de aproblemáticas utopías multiculturales, se sustituye la certeza que la logica que rige y organiza el discurso del migrante se incentra esencialmente sobre una fragmentariedad a la vez epistemológica y ontológica. Por esta razón el discurso migrante se concibe como un flujo simbólico en perpetua evolución y transformación, muy a menudo polarizado entre istancias contradictorias y dialécticamente irreconciliables. Como escribe Mabel Moraña:

[…] el fenómeno de la migración es también desencadenante de múltiples efectos que actúan, por así decirlo, en el nivel del imaginario, en la medida en que la transformación vivencial que modela al individuo y a las comunidades desplazadas de su lugar de origen incide, sobre todo, en los planos del sentimiento y la memoria, la imaginación y la conducta, desbordando los marcos previsibles en un sujeto estable, arraigado y contenido por la red de instituciones, costumbres y valores que constituyen su bagaje identitario original (Moraña 1999; p. 24).

Trazas de estas dinámicas pueden ser rastreadas muy claramente en un texto como The Peruvian Notebooks del escritor y crítico peruano Braulio Muñoz. Escrita y publicada en inglés en los Estados Unidos en 2006, esta novela forma parte de aquel corpus literario que atestigua, de manera cada vez más enérgica, la presencia viva y vital de una literatura Hispanoaméricana en ámbito lingüistico y cultural anglosajón. Como obra que se sitúa al cruce de dos mundos y de dos culturas, The Peruvian Notebooks exhibe, en varios niveles, muchas de las discontinuidades y de las asimetrías propias del discurso y del sujeto migrante. El primer y quizás más importante elemento de conflictualidad en el tejido de la novela es lo que atañe el idioma. Braulio Muñoz salió del Perú en los años sesenta y desde entonces siempre residió en los Estados Unidos, donde actualmente es Centennial Professor y profesor de sociología en el Swarthmore College. Como muchos otros autores que se encontraron en situaciones parecidas, Muñoz tuvo muy pronto que elegir qué idioma utilizar en su actividad académica y, sobretodo, en su actividad literaria. En los primeros tiempos, debido quizás a las razones contigentes de su estadía en los EEUU, Muñoz optó por una praxis escritural de tipo diglósico, utilizando el inglés para su producción ensayistica, y, después de unos intentos, el castellano por su actividad novelística. Con el paso del tiempo y la evolución de su escritura el autor empezó a sentir la necesidad de franquear los límites estilísticos y expresivos impuestos por esta elección. La ocasión de componer una entera obra narrativa en su idioma de adopción se presentará para Muñoz al emprender la escritura de The Peruvian Notebooks, en que se relata el drama existencial de un inmigrante clandestino peruano que para sobrevivir en su nuevo mundo decide renegar de su identidad y borrar su pasado. El resultado es una novela lingüisticamente heterogenea que, aunque este escrita completamente en inglés, deja entrever a través de lexemas y giros sintácticos, la fuerte y borboteante presencia del castellano. Una presencia/ausencia inquietante y problemática que juega un papel fundamental al interior de la narración, marcando de manera evidente la existencia de un bagaje reprimido amenazante y achezante.

Como ya habíamos dicho en el parágrafo anterior, la historia que nos cuenta Braulio Muñoz en The Peruvian Notebooks es la historia de una fuga —o mejor dicho de un intento de fuga— que el protagonista Antonio Alday Gutiérrez emprende para quitarse de encima su pasado y su identidad. Los sucesos son contados por analexis a través de la mirada de un narrador ominsciente, a partir del momento en que Antonio, tras él haber matado a su primo llegado del Perú a recordarle su orígenes, espera que la policía llegue a detenerlo. A esta primera línea narrativa se añade, en seguida, otra, constituida por los fragmentos de cuatro cuadernos (los notebooks del título) que el personaje, en su pasado aspirante a escritor, ha ido llenando con sus recuerdos y sus pensamientos durante los primeros tiempos de su vida en Estados Unidos. Cuadernos que él vuelve a leer para intentar comprender las razones que lo han empujado a matar. Desde el punto de vista de la Fábula, la acción narrativa arranca desde el momento de la agnición del protagonista, que por primera vez en su vida consigue verse tal como es:

Hoping for the soft winter light to warm his limp body, Antonio Alday Gutiérrez considers the possibility that al fin se me haya roto el cascarón, that at last his thick shell has cracked. There seems to be no other explanation. The protective armor he has built with utmost care over twenty-two years has finally failed him. And for the thousandth time this Saturday in December, he curses the ineluctable fact: he is now a murderer. Yes El Azar has gotten the best of him. It seems he only fooled himself into believing that he could exorcise the ghosts of Tacora (Muñoz 2006; p. 5).

Como se puede notar a partir del deslizamiento de la tercera persona a la primera, que se realiza con la frase “se me haya roto el cascarón”, la coexistencia de los dos idiomas al interior del texto introduce la discontinuidad y la inestabilidad del protagonista y de sus auto-representaciones. Inestabilidad y discontinuidad que aparecen aun más evidentes y marcadas en las secuencias en que la oscilación del personaje entres su verdadera identidad y aquella de Anthony Allday, creada precisamente para mimetizarse con su nuevo ambiente y esconder su status de migrante clandestino, se resuelve en una especie de esquizoide escisión de personalidad:

[…] Antonio Alday Gutiérrez, distinctly remembers that during his first round, Anthony Allday thought that everything Peruvian was anemic next to what he had found in his new sitio, his new place: Lima, Delaware County, Pennsylvania. Yes. He had long been filled with disdain and hatred for the land of his youth. He had long wished to distance himself from its polluting influences. Anthony Allday recalled that when he was still in Peru he could not perceive the difference between the two worlds.

[…] On the other hand, he thought to himself again, someone like Mr. Anthony Allday, a night watchman at the Springfield Mall, had the right to judge. He could choose between the two worlds. And he could construct a life based on that choice. Someone like Mr. Anthony Allday had the right to take full advantage of all the opportunities that the clash between the two worlds afforded. He had the right to use the dust and chaos cast up by that clash as cover to advance his own designs. A la mierda, to hell with it! He had made the right choice . And he had no regrets. He was at peace with himself (Ivi; pp. 7-8).


De la lectura de este extracto, aparece claro como el personaje, al esconderse detrás de su identidad ficticia para escapar de la “daily misery that was his life”(ivi, p. 9), adopte una actitud muy parecida a la que, según lo que escribe en un artículo suyo, Antonio Cornejo Polar, caracteriza el sujeto migrante y mestizo que aparece en los textos de Arguedas. Una estrategia que se sustancia en el intento de “rearmonizar su disturbado orden discursivo, sometiéndolo a la urgencia de una identidad tanto más fuerte cuanto que se sabe quebradiza” (Cornejo Polar, 1995; p. 106). La creación de Mr Anthony Allday es el extremo y desesperado intento del personaje para crear una ”otredad” que lo proteja del miedo y de la angustia de su condición de ilegal y que al mismo tiempo lo aleje de las ataduras y de los lazos de su pasado. Hijo de aquellos procesos que a partir de los años ’50 transformaron en lumpenproletariat a los millones de inmigrantes que se habían instalado en Lima, en y las otras grandes ciudades de la costa, Antonio Alday Gutiérrez es profundamente e irreversiblemente marcado por la experiencia de la subalternidad. Crecido en un mundo marginal y marginalizado Antonio ha acabado por interiorizar aquel complejo y estratificado sistema de prejuicios con que el discurso hegemónico peruano, caracterizado por una visión racista y excluyente de la sociedad, impuso su primacía sobre los sectores más debiles de la nación. Incapaz de pensarse y autorrepresentarse sin los estereotipos y los paradigmas hermenéuticos de la llamada colonialidad del poder (Quijano, 2000), Antonio no puede no considerar sus raíces populares y mestizas como un lastre insoportable. Como dirá el mismo personaje al reconstruir las razones de su fuga del barrio de Tacora y del Perú:

He was escaping a fucked-up world: a world where cops screwed people over, asking for money, anytime, anywhere; a world where thieves and pimps stole even old shoes, especially before carnival; a world where everyone was always looking to screw somebody else; a world where people never stopped measuring themselves, weighing themselves, classifying themselves: by race, origin, size, emotions (Muñoz 2006; p.179 ).

Para lograr escapar lo que le parece ser una condena sin apelación a la pobreza y la inferioridad, el protagonista decide así operar una radical reescritura de su identidad y de su pasado: “He had to became otro, other, in order truly to be himself” (ivi, p. 34). Pero “to become otro, he had to do so with sincerity” (ivi, p. 35); cada rastro de su anterior existencia, de sus orígenes y, sobre todo, de su condición de mestizo tiene que ser cuidadosamente borrado. Para que Antonio pueda empezar a vivir de nuevo, sin traba y limitación alguna, todos los lazos con el pasado tienen que ser cortados. El proceso de creación de esta nueva identidad empieza al cruzar la frontera entre Estados Unidos y México, cuando Antonio “blessed himself and jumped into the waters of the Río Bravo, leaving behind fears, regrets, smells, memories” (Ivi, p. 24). Con esta especie de lavado purificador en las aguas del río símbolo de la epopeya del migrante contemporáneo, Antonio imagina estar emprendiendo un camino que lo alejará para siempre de los fantasmas de su vida en Perú, pero, parafraseando al poeta griego Kostantinos Kavafis, a veces “Los lestrigones y los cíclopes y el feroz Poseidón” están en nuestras almas. Como la serpiente que se come la cola, al renunciar a sus raíces y a su historia para liberarse de las ataduras y de las constricciones de un código ético y moral inicuo y discriminador, el personaje acaba por ratificar una vez más la condición de subalternidad a la que el logos dominante lo condena.

En un ensayo muy interesante sobre los procesos de subjetivación entre los inmigrantes mexicanos en los Estado Unidos, Laura Echevarría Canto opina:

En suma, la identidad estadounidense se ha construido a partir de una construcción social de la diferencia que estigmatiza al otro como subjetividad inferior no sólo en cuanto al color de la piel sino también cultural y lingüísticamente. Esta construcción social de la diferencia es aceptada por los migrantes de acuerdo a procesos de subjetivación introyectados histórica y culturalmente desde su lugar de origen y que son refrendados en la ciudad global desde su incorporación a trabajos precarios que los invisibilizan hasta su vida cotidiana donde son discriminados tanto por cuestiones raciales como por ámbitos linguísticos y culturales (Echavarría Canto, 2010, p. 13).

Como costrucción que nace de la mediación entre el individuo y la sociedad, el proceso de formación de la subjetividad no puede no sufrir la influencia de los modelos ideológicos hegemónicos: profundamente impregnado por los esquemas mentales y psicológicos de un orden social donde la alteridad étnica y cultural constituye el signo de una inferioridad antropológica, Antonio no hace más que repetir de manera pavloviana las mismas dinámicas:

Anthony Allday preferred not to travel on trains and buses because he disliked meeting poor blacks and Latinos. He was offended by their barrio smell, by their cheap and ill-fitting clothes, by their empty stares that suggested they were looking, in vain, to explain some calamity that had befallen them (Muñoz, 2006, p. 64).

Obsesionado por la idea de ser descubierto y expulsado, Antonio utiliza su aspecto occidental para enmascarar sus miedos y sus conflictos interiores. Al acallar, por lo menos en apariencia, sus obsesiones y dandole la ilusión de ser distinto de los otros inmigrantes, su disfraz de “gringo” acaba muy pronto por dar origen a un verdadero sentido de superioridad. Se reproduce así, a escala individual, el mecánismo enajenante en la base de la condición colonial teorizada por Antonio Cornejo Polar, que expulsa el individuo de su espacio verbal y social transformandolo en subalterno:

[…] he was lucky to have been born white, like his mother. Otherwise, he might still be sweeping floors. He had presencia, whiteness and good looks. He could imitate Robert Wagner, Clark Gable or any other true american ( Muñoz 2006, p. 179, subrayado mio).

Es evidente aquí como el mismo imaginario del protagonista resulta fuertemente condicionado por visiones estereotipadas y prejuicios. Como opina el crítico peruano; “el otro se inmiscuye en la intimidad, hasta en los deseos y los sueños, y la convierte en espacio oscilante, a veces ferozmente contradictorio”(Cornejo Polar, 2003, p. 13). Los modelos a los que el protagonista se dirige en búsqueda de pautas que le ayuden a mimetizarse en su nuevo ambiente no son individuos reales sino personajes ficticios, sacados del mundo del cinema; representaciones idealizadas de un “true american” que sólo existen como manifestación de los deseos del público. Y es justamente en esta ríspida encrucijada entre real e ideal que se juega y consume la tragedia de Antonio Alday Gutiérrez. Su mismo alter-ego, Anthony Allday, no es más que una construcción expresamente modelada para satisfacer las ilusiones y los deseos de los públicos con los que Antonio tiene que enfrentarse; mientras que para sus familiares, deslumbrados por el mito del sueño americano, el señor Allday es el exitoso empresario que consiguió hacerse rico y poderoso, para sus amigos norteamericanos, acostumbrados a la imagen del hispánico pobre y desesperado, el personaje es el vástago culto y refinado de una rica y encumbrada familia burguesa, escapado en los Estados Unidos para huir la asfixiante presencia de un padre demasiado autoritario. Pero, como decíamos, este juego al final se vuelve trágico, y la máscara que tenía que garantizar al protagonista una vida libre y independiente, sin ataduras y complicaciones, se transforma en una cárcel aun más oprimente. Para mantener su doble papel de rico empresario y de fascinante y rebelde alto-burgués, Antonio acabará siendo esclavo de sus fantasías; como dirá él mismo después haber matado su primo, “The truth is we choose nuestra mortaja y nuestro traje de luces —our own shroud and our own bullfighter’s dress”(ivi, p. 131). Cada vez más oprimido por el peso de su mentiras y de sus secretos el protagonista solo consigue hundirse aun más en el desarraigo y en la despersonalización. En este proceso el pasado y la memoria se vuelven inquietantes y engorrosas presencias de las que hay que deshacerse cueste lo que cueste:

He well knew there were Peruvians, Italians, Mexicans, Salvadorans, Greeks, immigrants from all over who were incapable of even conceiving of the possibility of reinventing themselves in their new sitio. They clung tightly to the comfort of their races, their cultures, their names, their poor man’s dream. The Latin Americans got together in their barrios to get drunk and listen to huaynos, cuecas, tangos, salsas, pasillos, to cry like abandoned babies (Muñoz 2006, p. 94).

El periplo interior seguido por Antonio, en el desesperado intento de reinventarse y de concretar sus ilusiones, es muy parecido, desde este punto de vista, a lo que se encuentra en una de las más dramáticas y desgarradoras secuencias de El zorro de arriba y el zorro de abajo de José María Arguedas. Me refiero a una de las escenas, donde quizás se haga más patente la profunda inquietud del autor frente a los procesos de masificación y aculturación desencadenados por el boom industrial. Se trata del momento en que el pescador Asto, en búsqueda de afirmación social, después haber gastado su primer sueldo con la prosituta blanca llamada la Argentina, se abandona a un alucinado y rabioso monólogo en que renegando de sus origénes, reivendica su derecho a formar parte del mundo blanco y capitalista: «Yu... criollo, carajo, argentino, carajo. ¿Quién serrano, ahura?». (Arguedas, 1990, p. 39). De la misma manera procede Antonio, al repudiar su procedencia, su mundo y su cultura:

Antonio Alday Gutiérrez, the illegal, had done too many things on the run, scared, ashamed. That man had been smothered, imprisoned by the crust of Tacora. Of course, it was not Toñito’s fault that he was born into poverty, with a crazy father who died convinced he had been cursed, with an enigmatic mother always looking at him through a veil of tears, reading and weighing the effects of her pain on him. I am Anthony Allday, carajo! To hell with the rest (Muñoz 2006, p. 63).

Renunciando a su pasado, el protagonista renuncia a componentes fundamentales de su identitad, sin los cuales solo le puede esperar una dolorosa débacle existencial. La perdida de su pasado y de la capacidad de reconocerse como parte integrante de una colectividad históricamente, socialmente y culturalmente definida, conlleva la incapacidad de elaborar y llevar adelante cualquier proyecto para el futuro. Esto se hace evidente también en las modificaciones sufrida por el flujo de la escritura de los cuadernos del protagonista, que como afirma el autor constituyen la objetivación del subconsciente del personaje y del “deseo vivo”(Muñoz 2011) que lo empuja a seguir en su afán de transformación y renovación. En el momento en que Antonio consigue la tan deseada ciudadania y se produce la total identificación entre él y Anthony Allday, la composición de los cuadernos se interrumpe:

[In Providence] Antonio began to believe that a man could invent stories just as easily as he could invent his own life. He began to believe that he could write novels with happy endings. He even wrote down some beginning chapters and a few plot outlines in his Peruvian notebooks. But in the end, he was never able to finish writing any of them. By the end of 1986, shortly after he arrived in Philadelphia and became Mr. Anthony Allday, he all but stopped writing (Muñoz, 2006, p. 108).

Al interrumpirse la escritura, se interrumpe aquel proceso que, unificando y poniendo en relación los diferentes espacios y tiempos de su vida, había permitido al personaje mantener íntegra su memoria, su identidad, y sobretodo su capacidad para seguir re-inventándose. La imagen del último cuaderno dejado en blanco se vuelve desde esta persepectiva el símbolo más
elocuente del fracaso existencial del protagonista, que nunca logrará llevar al cabo su intento de regeneración, quedándose en última instancia “frio, aislado, sin brújula moral”(Muñoz, 2011). Al final, su Hubris lo conduce hacia la inevitable Némesis. Extranjero dondequiera que vaya, prisionero de sus secretos, Antonio solo podrá ir enajenándose cada vez más hasta la inevitable explosión de rabia y frustración que lo llevará a matar. El acto irracional con que el protagonista lanzará su primo Genaro del tren en marcha es, en este sentido la última y más dramática expresión del proceso que había llevado la nacimiento de Anthony Allday. Genaro, “cholo y cojudo” como todos ”who came out of Tacora”(Muñoz 2006, p. 218), representa para el protagonista el espejo en que él puede verse tal cual es, sin máscaras y disfraces:

There was Genaro. A duffle soccer bag the color of shit hanging from his right shoulder. Greasy black hair cropped short. Dark, sunken, lost eyes. Skinny, ugly hands. Narrow, drooping shoulders. Thin, short neck. Turning around. Searching. There was the son of a bitch who had come to ruin his life. Searching for his cousin. Stuck there. Fearing to leave his place. Waiting. Concha su madre. Like an abandoned orphan. Like all the cholos who come down to La Parada. […] If he had not gone to pick up Genaro, if he had not greeted him once he saw him, would he, could he have continued being Mr Anthony Allday? ( Ivi; p. 252).


La llegada del primo del Perú hace que aquel “cascarón” hecho de mentiras y ficciones se raje de repente, dejando al descubierto el verdadero y sangrante núcleo de la personalidad de Antonio. El asesinato se vuelve así el extremo intento para hacer frente al avasallante resurgir de miedos y sentidos de culpa que el personaje pensaba haber acallados para siempre. Obviamente esto no cambiará nada; una vez desaparecida la ilusión para Antonio no queda que la dura y desalentadora realidad del fracaso:

And yet he cannot say that Anthony Allday was blindly jealous or envious of Genaro. He was filled with something stranger and more complicated. Within him anger and hope were braided into a seamless white coil that was choking him. Anger because el cojudo Genaro was tumbling out of the shadowy past to ruin his life, and bring down the world he had managed to create for himself with so much effort and pain (Ivi; p. 23).


Así como acontence en el teatro de Antonin Artaud, el delito funciona como elemento catalizador de la toma de conciencia del personaje, desencadenando un proceso de análisis y deconstrucción, que lentamente irá conduciendolo hacia el reconociemiento de su verdadera condición:

[…] Antonio Alday Gutiérrez finally came to recognize what Anthony Allday had done. He now felt forlorn in a strange land. He felt guilty. He knew he had to pay for Anthony Allday’s deed. And yet, at the same time, he could not believe himself capable of such an act. Antonio Alday Gutiérrez was a good man, underneath all his transformations. But how and before whom might he defend himself? To whom might he confess, to show that deeply hidden innocence? Only to himself. Only himself. No one in Lima, Delaware County, Pennsylvania, knew Antonio Alday Gutiérrez. He had only himself (ivi; p. 266).

Habiendo llegado al fin de su recorrido Antonio Alday Gutiérezz descubre así que solo el sentido de culpa y la soledad le aguardan. La presencia de Genaro, con su optimismo, le había demostrado una verdad irrefutable; su primo “still had his past and therefore his future intact” y “could still reconstruct himself as he wished”(Muñoz 2006, p. 253). Él, en cambio, es un hombre ya sin recursos y sin energías, que ha desechado su existencia en él inutil intento de ser un “pituco from Miraflores”(ivi, p. 80), un miembro de aquella sociedad de la cual habia querido escapar. La fuga de Tacora y de los fantasmas de su juventud acaba así de la peor manera:

How ironic, Tacora defeated him precisely when he believed himself safe from its power. [...] Tacora sneaked back stealthily on the wings of El Azar and finally won. All his sacrifices have been useless(ivi; p. 184).

Al pragmatismo inicial, que lo empujaba a afirmar la responsabilidad de cada individuo en la creación de su destino, se sustituye ahora una concepción fatalista que hace del “Azar” el primum mobile de la existencia. La condición de marginalidad y de subalternidad de la que Antonio quiso escapar se absolutiza haciéndose casi metafísica y trasformándose en expresión de una realidad caprichosa e imprevisible. La definitiva derrota del personaje vuelve a reafirmar aquella condición colonial que según Cornejo Polar, consiste justamente en: “negarle al colonizado su identidad como sujeto, en trozar todos los vínculos que le conferían esa identidad y en imponerle otros que lo disturban y desarticulan” (Cornejo Polar, 2003, p. 12, cursivo mio).

Desde este punto de vista, The Peruvian Notebooks puede, en cierta medida, ser considerada como una alegoría de las peripecias del sujeto migrante en su continuo y extenuante intento para ubicarse y definirse en un nuevo contexto social y cultural. Un proceso tortuoso y complejo para describir el cual, Braulio Muñoz, ha decidido concentrarse sobre aquellas dinámicas entropicas y enajenantes que se producen cuando una subjetividad, por si misma inestable y fragmentaria, se tiene que enfrentar a una realidad en que la diferencia lingüistica, cultural y étnica es objeto de discriminación y marginalización.

Bibliografia

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