
Ricardo Vírhuez Villafane / Lima
Aguas arriba es una novela intensa, poética y nostálgica. Su autor, Fransiles Gallardo (Magdalena-Cajamarca, 1957), es un poeta de muchos libros y temple lírico, lo que enriquece su narrativa de principio a fin.
La novela comienza con la historia de una traición, y termina con la visita nostálgica a la tumba de los padres del narrador, veinte años después. Podría decirse que es una suma de recuerdos, pero en realidad es un mosaico de muchas vidas, cada cual con su historia personal, sus amores y esperanzas.
Fransiles Gallardo utiliza un estilo acumulativo en las historias que va narrando, y los personajes se suceden en cada capítulo, así como sus propias historias. Y se suceden a un ritmo intenso, poblado de regionalismos de Cajamarca con sabor a Tío Lino (el personaje literario más divertido de nuestro país) y anécdotas para desternillarse de la risa o sentir el rumor de la injusticia.
Pero ante todo, el libro es un homenaje, ya que los recuerdos de los padres son determinantes para la suerte del personaje narrador, que ha encontrado en la inmigración el camino hacia la ciudad y la carrera profesional.
Lo curioso es que pese a la abundancia de regionalismos cajamarquinos, casi no existen palabras quechuas o derivados de ellas (ni de la lengua culle, que floreció al sur de Cajamarca y norte de La Libertad), como sí lo encontramos en los regionalismos andinos del centro y del sur. Más bien se trata de regionalismos que deforman el castellano, especialmente el español arcaico, lo que resulta un atractivo adicional para el corpus lingüístico del libro.
Aguas arriba es un libro hermoso. Una novela para alegrarnos la nostalgia.
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